Entre las vacunas y el indulto… una semana enloquecida

J.L. Pedreira Massa (Psiquiatra y Psicoterapeuta infancia y adolescencia. Prof. Psicopatología, Grado Criminología. Prof. Salud Pública, Grado Trabajo Social. UNED)

Revista.lamardeonuba.es| lunes, 31 de mayo de 2021 | J.L. Pedreira Massa
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Lunes, 31 de mayo de 2021. Sábado por la mañana, me siento un poco indolente porque la semana me ha dejado cansado y lleno de atribulaciones. Necesito descansar y relajarme. He decidido poner música de Joss Stone, una irlandesa con clase y elegante estilo soul, siempre merece la pena escucharle. Abro mi ordenador, hoy no tengo ganas de escribir con mi estilográfica, corregir, pasarlo al ordenata…¡uf! Hoy no tengo ganas de mi liturgia de escribidor caprichoso. Espero no aficionarme al estilo de los nuevos tiempos, el olor del papel, el rasgueo de la estilográfica al escribir y los tachones de las correcciones son toda una seña de identidad durante muchas décadas, pero hoy me tienen aquí delante de la pantalla y buscando que surjan ideas que venzan el marasmo reinante. No decido si iniciar por el título o escribir el texto y luego buscarle un título ¡Menudo día llevo!

Sobresalen dos temas de la actualidad: uno de perfil más profesional (el ir y venir de las vacunas del coronavirus) y el segundo es más de política general (el emerger de los posibles indultos, o no, a los miembros condenados del procès). En ambos temas las posiciones informativas, incluso me atrevería decir sociales, están encontradas y hay visos de tensiones y enfrentamientos entre dos posicionamientos al parecer irreconciliables. Me he sentido muy machadiano sintiendo que “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

El perfil profesional estaba observante e incrédulo acerca de decisiones erráticas y que originan confusión en la población, pero también en los profesionales de la sanidad. En el mundo sanitario estamos muy acostumbrados a buscar bibliografía, comparar los resultados, sintetizar y tomar decisiones, es lo que conocemos como decisiones basadas en la evidencia, que tienen sus reglas, Una evidencia científica no es tener unos resultados, más o menos brillantes y exponerlos, eso es una mera comunicación de resultados, es una parcela interesante, pero nada más.

La evidencia científica consiste en que la obtención de datos debe soportar la contrastación con otros que provienen de diferentes grupos de investigadores y estudiar si los resultados se complementan o se contraponen. La evidencia científica no puede compararse con las decisiones político-administrativas, por mor que algunas personalidades políticas reclamen su nombre como amparo de sus decisiones. Son dos niveles diferentes con resultados finales diferentes. Ahora bien, la sanidad puede tener áreas de intersección de ambas posibilidades, la pandemia lo ha evidenciado: las decisiones políticas deben tener un fundamento que se base en los conocimientos científicos y los desarrollos técnicos que se han adicionado, como capas de cebolla, a medida que el método científico aportaba luces sobre la incertidumbre del desconocimiento inicial de la pandemia o sindemia.

Una buena labor política consistirá en la selección adecuada de la terminología a emplear de forma pertinente y de los contenidos más cercanos a la realidad científico-técnica, con la finalidad que la información que se aporte sea de calidad suficiente y consistente, con ello la controversia que pudiera generar se controla y permite contenidos de relieve para el debate y la toma de decisiones.

El debate sobre las vacunas de esta última semana ha sido de todo, menos de contenidos científico-técnicos con un mínimo rigor. Daba hasta vergüenza ajena escuchar las simplezas argumentales y la utilización inadecuada de los términos, originando carnaza para los “científicos y epidemiólogos de mesa camilla”. Todos con un fondo de verdad, pero diluida en un caldo de inconcreciones y vaguedades empalagosas.

La famosa vacuna de Astra-Zeneka ha sido la excusa perfecta para llamar ensayo clínico a un diseño de trabajo justificativo para fines de otra índole. Entre otras cosas porque el verdadero ensayo clínico se ha realizado con los millones de personas vacunadas con esa vacuna, siendo críticos y sinceros hay que reconocerlo así.

La EMA y la lógica científico-técnica, incluso la lógica estadística, señalaban que la segunda dosis debía ser de Astra-Zeneka, pero el trabajo de marras “autorizaba” utilizar Pfizer y el Consejo interterritorial del SNS se fragmenta: unos por Pfizer otros por Astra-Zeneka. Así que se decide: Pfizer y voluntariamente decidir Astra-Zene En esta ocasión resulta: ka, hacerlo con Consentimiento informado firmado por quien así lo decida. Segundo item de confusión, la indefinición calculada…

Sin previo aviso aparece un informe solicitado a la Comisión de Bioética ¡Arrea! Aparece una transformación repentina de un principio científico-técnico en una autorización bioética. Mis cortas entendederas encuentran escasa lógica formal, quedndo un resultado final poco dado a la comprensión al estilo de Wittgenstein.

Así que llegamos a la prueba de la realidad, la población decide firmar el consentimiento informado y solicitar Astra-Zeneka en una proporción de cuatro de cada cinco, es decir: oposición ciudadana a lo emanado del Consejo Interterritorial, quizá porque era escasamente comprensible. Entonces… bronca a quienes toman la decisión de Astra-Zeneka.

Luego surgen informaciones que revolotean por el aire… ¿se habrá recomendado Pfizer porque no hay dosis de Astra-Zeneka suficientes? Dudas y escasa claridad. Un resultado escasamente aceptable. Nueva confusión. Nueva ocasión perdida.

En la procelosa marejada de la realidad española emerge, entre la espuma del romper de las olas, el tema recurrente de mayor relevancia de la política estatal: Catalunya. En esta ocasión se infiltra por las rendijas la solicitud de indulto. Ante esta decisión, una vez más, el Gobierno queda en soledad. El Tribunal Supremo hace un informe demoledor contra el indulto, un informe que sobrepasa, ampliamente, los límites propios de lo meramente jurídico y mezclándolo con opiniones y razonamiento político, pero el disfraz de Tribunal Supremo parece que lo resiste todo, por lo menos para los sectores más conservadores de la política que lo compran sin crítica alguna.

Durante demasiados años la actitud y conductas de los políticos, tanto estatales como catalanes, se han caracterizado por ser un lenguaje de confrontación, de escaso entendimiento y muy poca empatía. Los postulados que han expresado, a lo largo del tiempo, han sido reiterativos y sin nada de acercamiento, más bien eran contenidos defensivos, que tendían a la exclusión del otro. En este terreno es muy difícil buscar convergencias y así se ha demostrado. El tiempo transcurrido ha hecho que los bordes se deshilacharan y que permanezcan muy sensibles, por ello la sutura debe realizarse con primor y evitando la tensión, para que el punto de sutura no se transforme en una respuesta paradójica y, en vez de aproximar los bordes, sea una oportunidad mayor para el desgarro.

La derecha española hace muchos años montó la recogida de firmas contra l’estatut, el Tribunal Constitucional, por la mínima, falló contra lo que decidieron el Parlament, el Congreso y el referéndum que lo aprobó. Pareciera que las derechas habrían aprendido al vivir el desarrollo posterior. Pues, va a ser que no. Vuelven a tropezar con el mismo escollo y repiten farándula y recogida de firmas. Sale al exterior sus gritos y amenazas, así no se puede negociar nada ni buscar acercamiento. Diálogo de sordos, será por eso que gritan tanto.

El gobierno del Estado tiene argumentos: el dictamen del Tribunal Supremo no es vinculante, es solo una opinión. No obstante la oposición se va a lanzar a degüello contra la decisión del gobierno y específicamente contra la figura de su presidente, al que responsabilizan con argumentos de seguir en el poder, tener interés personal y no visión general, vender a España, desmembrar el Estado… Y otras cuantas “lindezas” parecidas, tendentes a minar al gobierno, con la supuesta pretensión de rascar un puñado de votos, se supone que para gobernar, lo que ocurre es que si ellos gobiernan no lo hacer por el poder, parece ser.

Hemos de ser serios y proponer unos puntos de reflexión, para propios y extraños:

    1. La decisión de un indulto es potestad del Gobierno, a la par que decide la concesión, enuncia las condiciones en las que se concede.
    2. No es la primera vez que se conceden indultos “complejos” en España.
    3. Se concedió un indulto a los golpistas del 23.02, que entraron en el Parlamento con armas y personal activo de la Guardia Civil para proponer/imponer a un nuevo presidente, “militar, por supuesto”, tomaron rehenes a los diputados y diputadas y chantajearon a la población sacando a los tanques a la calle y declarando Estado de Excepción por parte de una autoridad de una Comunidad Autónoma.
    4. Esos golpistas ni se arrepintieron ni mostraron deseos de no volverlo a hacer, todo lo contrario, han estimulado opiniones golpistas y contra el Gobierno legítimo del país.
    5. Hay que aceptar que en Catalunya se realizó una declaración que hizo caso omiso a los exhortos del Tribunal Constitucional, se formuló una Declaración Unilateral de Independencia que duró unos minutos, solo unos minutos. No existió ningún tipo de armas y no se raptó a nadie. Todo fue verbal.
    6. La derecha española se caracterizó, durante todo el procès, por su inacción y luego judicializar la política, con lo que se pervirtió el sentido mismo de la política. Ser un estado de derecho no quiere decir, solamente, que en caso de duda se recurra continuamente a la justicia para dilucidar las diferencias políticas. Recurrir a la justicia demuestra la incapacidad para desarrollar el debate político.
    7. Estimular los resortes emocionales, significa eliminar la reflexión sensata que posibilite el análisis sereno y más adecuado para el conjunto del país.
    8. Es cierto que existe, posiblemente, una mayoría de ciudadanos que se oponen a los indultos. Si les preguntáramos las razones, no pasarían de enunciados generales y sin contextualizar ni los indultos y, posiblemente, desconocen otros que se realizaron con causas más importantes y graves.
    9. La acción política se fundamenta en la palabra, negociar y buscar síntesis que permitan avanzar.
    10. Ante situaciones de crisis las personas inteligentes buscan soluciones, las personas mediocres e incompetentes buscan problemas.

Habrá mucho ruido, tanto interno como externo al PSOE, tanto ruido que  van a dificultar escuchar lo que berrean y las derechas buscarán movilizaciones, firmas y medias verdades para conseguir su objetivo: minar y desprestigiar al gobierno. Hasta el momento actual las derechas no han permitido buscar ningún acuerdo, todo estaba mal, es más cuando lo hacen ellos es el deber ante Dios y la historia, pero si lo hace la izquierda es una traición y una felonía. Da igual lo que sea. Si la derecha incumple el mandato constitucional, por ejemplo, la renovación de las instituciones del Estado, lo hacen porque … yo lo valgo y se acabó

Es posible que esta decisión tenga repercusión electoral en detrimento del PSOE, pero ese riesgo se supone que comportará una responsabilidad serena por parte de los independentistas catalanes y aceptar la lógica de las voluntades, de las posibilidades y de los hechos.

No hay duda, la decisión que se tome comporta un ejercicio de responsabilidad política por parte del Gobierno y de su Presidente.

Yo pertenezco al grupo, aparentemente minoritario, que quiere el indulto y se negocie políticamente, porque político es el origen del conflicto.

Ahí dejo dos temas, el primero francamente mejorable y el segundo muy difícil, pero de esperanza.



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