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Por Juan Antonio Fernández Cordón| Demografía: ¿Proyecciones o previsiones? | economistasfrentealacrisis.com -domingo, 07 de octubre de 2108

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) acaba de publicar unas proyecciones de población cuyos resultados difieren considerablemente de las publicadas recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y también, en grado algo menor, de las difundidas por EUROSTAT.

Para 2050, la AIREF prevé una población comprendida entre 51 y 60 millones, una horquilla centrada en 55 millones, mientras la proyección del INE es, para la misma fecha, de 44 millones y la de EUROSTAT en 49 millones, ambas por debajo del límite inferior de la horquilla. Tan cuantiosa discrepancia es atribuida por los autores del informe de la AIREF a la diferencia entre proyecciones. las que realiza el INE y, en general, todos los institutos oficiales de estadística, y previsiones, la que ha llevado a cabo la AIREF. Es cierto que los demógrafos no dejan de advertir, cuando realizan proyecciones de población que no deben ser tomadas como previsiones, pero no, como parece indicar la AIREF, porque se trate de simples extrapolaciones de las tendencias pasadas más recientes, sino por la evidencia de que cualquier intento de cuantificar un escenario, por muy sofisticadas que sean las técnicas estadísticas utilizadas, es tributario de que el escenario proyectado se realice o no. Las últimas proyecciones del INE se basan, efectivamente, en una extrapolación de las tendencias más recientes, algo excesivamente simple y ya muy alejado de lo que hacen otros institutos nacionales e incluso autonómicos, dentro de España. EUROSTAT, por el contrario, no se limita a extrapolar, introduce una hipótesis normativa: la convergencia a largo plazo de los estados miembros.

Las previsiones, incluso en términos probabilísticos, son muy difíciles o imposibles y, en mi opinión, no conviene calificar así a ninguna proyección demográfica. En realidad, el problema de las proyecciones de los órganos oficiales de estadística es que consideran la población como una variable exógena, cuya evolución futura se puede anticipar sin tener en cuenta la evolución del marco económico y social. Una de las consecuencias es que surgen incongruencias entre el futuro de las principales variables económicas, tal como las proyectan órganos especializados como la OCDE o el FMI y las proyecciones demográficas oficiales. En particular, como también señalan los autores del informe AIREF, las proyecciones del INE (y de EUROSTAT) conducen a que la población en edad de trabajar proyectada resulte insuficiente para cubrir la demanda de trabajo asociada a la proyección del PIB y de la productividad.

En un trabajo de 2014 analizamos esta circunstancia para varios países de la Unión Europea, utilizando las proyecciones demográficas de EUROSTAT y la proyección del PIB realizada por la OCDE, para concluir que era necesario introducir una capacidad de reacción de la demografía ante el cambio económico. En ese caso, nos limitamos a anticipar que el exceso de demanda de trabajo se cubriría por un aumento de las tasas de empleo y, eventualmente, por un aumento de la inmigración neta, es decir un aumento de la población en edad de trabajar y de la población total, alterando, en los dos casos, los indicadores futuros de dependencia. Aquel modelo, que abordaba la inmigración como una variable endógena de forma explícita, carece de la sofisticación del modelo AIREF, aunque tanto sus objetivos como los resultados obtenidos son similares.

En las proyecciones AIREF2018, la esperanza de vida futura no es muy distinta de las que ofrecen el INE2016 y EUROSTAT2015 y la fecundidad se acerca mucho a lo proyectado en EUROSTAT2015. Para estos dos parámetros, la metodología AIREF se aproxima a la de EUROSTAT, por cuanto implica también la convergencia entre países.
países.

Según la AIREF, la fecundidad podría alcanzar en 2050 entre 1,8 y 2,0 hijos por mujer, muy por encima del nivel actual (1,36 en 2017) así como del nivel proyectado por el INE para 2050 (1,32 para las españolas, 1,92 para las extranjeras). La hipótesis de AIREF se basa esencialmente en la previsible mejora del mercado de trabajo para los jóvenes, que puede repercutir en el grado de precariedad y en las retribuciones, a condición, añado, que se consiga anular la reforma laboral introducida por el gobierno anterior. Pero el aumento de la fecundidad exigiría también una mayor accesibilidad a la vivienda, lo que, al menos a corto plazo, no tiene visos de ocurrir y un reforzamiento sensible de las políticas de conciliación y de igualdad de género.

La diferencia con proyecciones existentes radica esencialmente en la proyección de las migraciones, tanto en la metodología desplegada como en el resultado obtenido, ambos relacionados, naturalmente. En su proyección de 2016, el INE se limita a tomar como número anual de inmigrantes, distinguiendo entre españoles y extranjeros, el último dato de la Estadística de Migraciones, correspondiente a 2015, que mantiene constante a lo largo de todo el período de proyección. Para la emigración, distinguiendo también entre extranjeros y españoles, calcula tasas de emigración por sexo y edad, utilizando el mismo año de referencia, que se mantienen constantes a lo largo del período proyectivo. El resultado es un reducido saldo migratorio positivo que crece ligeramente en el tiempo (de 13 mil en 2016 a unos 70 mil en 2050). Este simplismo metodológico contrasta fuertemente con el esfuerzo realizado por la AIREF en su proyección de la inmigración , considerada, con razón, el elemento clave para la proyección de la población futura. La compleja metodología se basa en la evolución a largo plazo (desde 1960) utilizando una matriz de países de origen-países de destino, con datos del Banco Mundial y Naciones Unidas, así como datos del INE entre 1988 y 2016. Las variables independientes del modelo son la estructura demográfica, el PIB per cápita y la existencia de redes migratorias, evidenciada por la presencia de inmigrantes de cada origen en el país de destino. Según AIREF “el supuesto más exigente del modelo es el mantenimiento de políticas migratorias constantes en todos los países”. La inmigración neta anual proyectada se establece en un intervalo entre 220 y 320 mil (270.000 de proyección central), cuyo límite inferior se sitúa por encima de la hipótesis manejada por el INE y EUROSTAT en sus proyecciones más recientes.

La población proyectada difiere de la del INE, tanto en su volumen como en la estructura por edad. La Ratio de Dependencia Demográfica de Mayores o RDDM (población de 65+/población de 15-64) muy impropiamente llamada “tasa de dependencia”, pasa de 28,8% en 2017 a 66,8% en la proyección INE2016 y a 57,3% en la proyección AIREF2018. Este indicador es muy poco adecuado para anticipar los efectos de la evolución demográfica sobre el gasto social, por ejemplo, y en particular sobre las pensiones, porque deja fuera los cambios en el mercado de trabajo que, por otra parte, están implícitamente introducidos en las hipótesis manejadas por la proyección AIREF (tanto en lo relativo a la fecundidad como a las migraciones). Si admitimos que las tasas de empleo van a seguir aumentando en el futuro (impulsadas entre otras razones por la escasez relativa de personas en edad de trabajar) la situación futura resulta bastante menos negativa.

Hemos completado la proyección AIREF planteando que el número de ocupados seguirá aumentando al ritmo medio de los últimos cinco años, hasta alcanzar 80% en los hombres (solo 2 puntos por encima del máximo de 2007) y 70% en las mujeres. De esta manera se pueden calcular dos indicadores importantes: la Ratio de Dependencia Económica de Mayores (RDEM) como número de mayores de 65 por 100 ocupados y la Ratio de Dependencia Económica Total (RDET) como número de personas no ocupadas por 100 ocupados.

Como se observa en el gráfico siguiente, en el que se ha representado la proyección de los cuatro indicadores para 2018 igual a 1, el futuro que anuncia cada uno de ellos es muy distinto. El más significativo es el que relaciona los no ocupados y los ocupados, que variará muy poco en el futuro, situándose por debajo del nivel actual hasta aproximadamente 2040 y estando siempre por debajo del máximo alcanzado en 2013, cima del periodo de crisis. Lo anterior significa que, globalmente, el equilibrio entre dependientes y sustentadores no se alterará en el futuro, aunque si se modificará la composición de los dependientes (menos parados e inactivos y más mayores).

Lo importante es ahora cómo se distribuye lo que producen los ocupados, entre capital y trabajo y en el conjunto de asalariados y las vías por las que los ocupados contribuyen a la atención de los dependientes (familia, impuestos y cotizaciones). La relativa constancia de este indicador en el futuro debe ser tomada como punto de partida para la búsqueda de soluciones que permitan adaptar nuestro sistema a una carga igual en volumen, pero distinta en su composición. También significa que todo recorte de las prestaciones a dependientes va a suponer un enriquecimiento de alguna de las categorías que participan en la distribución primaria del PIB. Recortar, aparte de cruel, porque afecta a los que menos tienen, es una solución perezosa, porque elude la búsqueda de soluciones, e interesada porque su contrapartida será siempre un mayor beneficio para otra categoría.

Hay que saludar iniciativas como la de la AIREF que, con las debidas garantías científicas, contribuyen al menos a la toma de consciencia de que las proyecciones oficiales deben ser contrastadas, ya que la visión del largo plazo que introducen tiene consecuencias inmediatas que pueden ser muy negativas para ciertos colectivos. Hay que insistir, sin embargo, que la de AIREF no es tampoco una previsión, como no lo es la del INE. Sigue siendo una proyección, solo que técnicamente muy superior. Es importante aclarar este extremo porque lo deseable es que los organismos oficiales adopten metodologías renovadas y, en particular, que exploren las vías por las que se puede integrar en las proyecciones de población la evidente interrelación de lo económico y de lo demográfico y sobre todo que se puedan hacer coherentes entre ellas las proyecciones demográficas y las proyecciones del mercado de trabajo.


Demografía: ¿Proyecciones o previsiones?  

  

Por Juan Antonio Fernández Cordón

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