Las elecciones del Día de San Valentín

Las elecciones catalanas del 14F han tenido como protagonista a la abstención. La participación ha caído 25 puntos respecto del 2017. ...

miércoles, 17 de febrero de 2021 | Por Adolfo Piñedo Simal | https://adolfopinedosimal.wordpress.com/
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Las elecciones catalanas del 14F han tenido como protagonista a la abstención. La participación ha caído 25 puntos respecto del 2017.  Cerca de millón y medio de personas que votaron en 2017 no lo han hecho en 2021 y eso hace que los resultados dan una imagen  distorsionada de las tendencias de fondo en el electorado.

El temor causado por la pandemia ha sido la principal causa de la abstención. Pero también han jugado otros factores. La tensión política fue muy alta en 2017 y condujo a una participación record. Ahora la tensión ha bajado. En 2017 mucha gente acudió a las urnas porque percibían que estaba en juego algo trascendental para sus vidas: si Cataluña iba a seguir formando parte de España o no. Tras el estrepitoso fracaso de la secesión, no parece probable que ésta se repita, a pesar de que los presos del “procés” han dicho que lo volverán a hacer. El conflicto catalán se ha desinflamado, aunque no se ha resuelto, mayormente, porque no tiene solución, al menos en un horizonte visible. La abstención no se explica solo por el miedo al virus: también ha tenido que haber una cierta desafección hacia determinados partidos.

Con 74 escaños de 135 los independentistas cantan victoria. Cierta razón tienen: mantener la mayoría absoluta tras la desastrosa gestión de Torra y tras el fracaso del “procés” tiene mucho mérito. La década de gobiernos independentistas arroja un balance muy negativo para Cataluña, se mire como se mire. Solo las pasiones inflamadas explican que el nacionalismo transmutado en independentismo mantenga la mayoría en el Parlamento. Inflamar las pasiones nacionalistas y atizar el conflicto es una táctica electoral imprescindible para los indepes. El conflicto catalán ha sido creado por el independentismo y éste vive de aquel.

Pero si tenemos en cuenta todos los datos electorales es fácil concluir que el independentismo no sale reforzado de estas elecciones. Los tres partidos independentistas con representación parlamentaria han perdido tres cuartos de millón de votos. Y aunque todos los partidos independentistas sumen el 51 % del voto emitido el independentismo representa el 27 % del censo, la cifra más baja de la década. Poco más de una cuarta parte de los catalanes con derecho a voto lo han ejercido apoyando opciones expresamente independentistas. Tiene razón Junqueras: el apoyo al independentismo es insuficiente para alcanzar la independencia.

Las elecciones no han traído un gran cambio de gobierno como pretendía Illa. Pero sí un pequeño cambio: será ERC y no Junts a quién toca liderar el gobierno. Junts y ERC comparten lo esencial: ambos son independentistas. Pero a lo largo de la pasada legislatura han puesto de manifiesto tácticas distintas. Básicamente, Junts quiere una confrontación permanente con el Estado, incluyendo la desobediencia, algo que le ha costado el puesto a Torra y que no muchos están dispuestos a hacer. ERC cree que ese camino no lleva a ningún sitio y busca el diálogo con el Estado. Parece que los resultados electorales avalan la táctica de ERC. Y eso hace prever que el nuevo gobierno catalán sea menos beligerante y más dialogante. Será también un gobierno más inestable porque la CUP, que ha aumentado sus diputados, quiere entrar en el gobierno. Y porque Junts, herido por su derrota, hará todo lo posible por que el Gobierno fracase cuanto antes.  Y, en fin, porque ERC es, en sí mismo, un partido muy inestable que, como un borracho en un trigal, puede salir por cualquier sitio.

En Cataluña venimos de un gobierno fracasado. En estos años, la Generalitat ha funcionado porque los profesores se han dedicado a enseñar, lo médicos a curar, los policías a sus labores, los directores generales a lo que sea que hagan habitualmente, etc., mientras que el Gobierno se ha dedicado al Agiprop del independentismo y a ponerse zancadillas unos a otros. La imagen que resume este período es la de un Torra arengando a los CDR con aquello de “apreteu, apreteu”, que pudo haber inspirado a Trump mandando a sus matones a apretar a los congresistas norteamericanos.

Un gobierno formado exclusivamente por independentistas es lo adecuado si su tarea fuera organizar la secesión.   Pero la tarea que tiene por delante es otra: hacer frente a la crisis sanitaria y económica que asola Cataluña como al resto de España. Para esa tarea necesita el apoyo del Gobierno de España, sobre todo teniendo en cuenta que la Generalitat vive con la respiración asistida por Hacienda.  Para hacer frente a esa ingente tarea mejor sería un gobierno Illa con una composición similar a la del Gobierno de Madrid y en muy buenos términos con él. Tal gobierno no parece probable, pero Illa hace bien en proponerlo. Porque nadie sabe lo que durará un gobierno independentista.

Las elecciones catalanas traen algunas novedades importantes.  El desplome de Ciudadanos, la caída del PP (a punto de ser extraparlamentario) y el ascenso de Vox componen un panorama de ruina y desolación en la derecha española, que cada vez parece menos alternativa de gobierno. El ascenso de Vox es lo peor que ha pasado el Día de San Valentín. El Día de Reyes, en Washington, nos percatamos de que la democracia es frágil y que el principal peligro para la democracia es la extrema derecha, es decir, el nacionalismo radical y populista. Por eso la espectacular entrada de Vox en el parlamento catalán, con más diputados que Ciudadanos y el PP juntos es muy mala noticia. El PP y Ciudadanos necesitan encontrar su rumbo si no quieren entrar en el catálogo de especies en peligro de extinción, en el que ya está el partido de Mas.

Otro nacionalismo radical y aventurero, el que promueve Puigdemont, ha sido derrotado. La derrota se expresa en que por primera vez ERC ocupa la primera plaza del nacionalismo catalán, pero sobre todo por el pequeño detalle de que 4 de cada 10 catalanes que votaron a Puigdemont en 2017 no le han votado ahora.

La victoria del PSC es otra novedad importante porque nunca el PSC había ganado en votos y empatado en diputados. El PSC es el único partido parlamentario que ha aumentado el número de votos. Eso le hace aparecer como una alternativa de gobierno real y muy conveniente para los tiempos que corren. La victoria del PSC refuerza al Gobierno sobre todo porque el candidato Illa era el Ministro de Sanidad que ha lidiado con la pandemia. Mucho se ha hablado del efecto Illa. Yo creo que el mérito de esa candidatura es colocar en el centro del debate los problemas reales (lucha contra la pandemia y recuperación económica) y aportar un candidato con experiencia en su gestión. Era lo que se necesita en Cataluña. Desgraciadamente  la victoria de Illa se ha quedado corta para producir el gran cambio de gobierno que se necesita, aún contando con los 8 de los Comunes que han mantenido la representación pero han descendido en votos. Reeditar el tripartito con ERC no parece factible después de que todos los indepes firmaran que nunca jamás pactarían con el PSC. Claro que, como decía Romanones, en política nunca jamás quiere decir hasta la semana que viene.


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