'EL SOCIALISTA', Nº 097 19 de febrero de 2021

Victoria socialista, indiscutible aportación a la esperanza

Por Manuel Zaguirre, Exsecretario general de la USO y afiliado al PSC.

'EL SOCIALISTA', Nº 097 19 de febrero de 2021 | sábado,20 de febrero de 2021
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Manuel Zaguirre, Exsecretario general de la USO y afiliado al PSC.

Por Manuel Zaguirre, Exsecretario general de la USO y afiliado al PSC.

El socialismo democrático gana con holgura las elecciones al Parlamento de Catalunya. Esta afirmación es indiscutible por mucho que los titiriteros secesionistas, y otros, se empeñen en emborronarla con piruetas verbales y la apelación profética a que la victoria no se verá correspondida con la presidencia y el gobierno de la Generalitat.

La victoria se agranda más, si cabe, teniendo en cuenta los disparates, canalladas e indecencias que se han dicho contra Salvador Illa y el PSC en la campaña electoral, incluyendo ese veto sectario más propio de un aquelarre medieval que de gentes racionales y demócratas; veto que, oh paradoja, puede surtir para algunos de sus autores el efecto del cazador cazado.

A pesar de todos los pesares, el compañero Salvador Illa, al frente de la candidatura socialista, derrota a Junqueras, el líder de una ERC que, pese a sus 90 años de historia, parece estar instalada en la eterna adolescencia, por una diferencia de más de 50.000 votos y 2 puntos porcentuales. Y derrota también al holding de Puigdemont, la extrema derecha secesionista y xenófoba, fundada en gentes acomodadas que como llegan con holgura a fin de mes se lo pasan pipa jugando a juegos prohibidos que dan más morbo… por una diferencia superior a los 90.000 votos y 3 puntos porcentuales. Ojo al Cristo que es de plata …

Sin salirme del marco de los datos, ahí van algunos más para remachar el valor y el alcance de la victoria socialista:

La candidatura encabezada por Salvador Illa ha cosechado 642.224 votos, 35.565 más que en las Elecciones de 2017, en las que yo fui candidato, por cierto. Esos votos han permitido casi doblar el número de escaños, de 17 a 33, y un porcentaje del 23%.

El alegre y variopinto mundo de la secesión, de la extrema derecha de Puigdemont a la supuesta extrema izquierda de la CUP, pasando por el centro de un beatífico Junqueras, han perdido 774.233 votos respecto a sus resultados de 2017, es un gran dato para la esperanza en que decrezca la locura secesionista y crezca el proceso de reencuentro de la mejor Catalunya consigo misma.

Si se les hace notar el batacazo en comparación con el aumento  de votos del PSC, te dirán que es a causa de la alta abstención. ¡Claro!, digo yo, es que, si hubiera votado casi el 80% como en 2017, el PSC con Illa nos hubiéramos plantado en los 45 escaños.

No obstante, tremenda paradoja: Pese a la gran diferencia de votos y la más moderada de puntos porcentuales, a favor ambas del PSC, Junqueras nos empata a 33 escaños y Puigdemont casi con 32. Este dato no es ni un golpe de mala suerte ni una maldición bíblica contra el socialismo democrático catalán. Es el efecto de un regalo que le hizo a Pujol el Estado Español, por omisión de un marco electoral democrático, para que no llevara su nacionalismo al límite de la secesión. Pero ahora que va de secesión, urge una ley electoral justa y democrática, que asigne a cada provincia el número de escaños en proporción a su población, justo lo contrario de lo que sucede ahora, porque no es de recibo, no lo fue nunca en estos 40 años, que al PSC le cueste un escaño bastantes más votos que a los alegres muchachos de la secesión, dada la mayor implantación socialista en los grandes núcleos poblacionales e industriales con Barcelona y su “cinturón rojo” a la cabeza.

Una ley electoral democrática les disuadiría para no seguir amenazando  con la independencia en base al 26% del censo electoral catalán.

En orden a lo anterior, sugiero a los guardianes de la pureza democrática -secesionistas y allegados- que emitan urgente dictamen sobre la impureza y anormalidad clamorosa que supone el marco electoral catalán. Aunque mejor será que Salvador Illa y el socialismo democrático, solo o en compañía de otros, llegue a la presidencia del Gobierno de la Generalitat, y ya si eso, promuevan una ley electoral justa y democrática, con su proporcionalidad y todo.

Estas líneas de urgencia no tienen por objeto un análisis de conjunto ni, mucho menos, establecer profecías a corto plazo. Eso será harina de otro costal y de otros textos. Se trata sólo de resaltar la fuerza, la extensión, el valor y la proyección de futuro de la victoria socialista, deseando que esta anuncie un tiempo nuevo y mejor para una Catalunya demasiados años varada en la división, el enfrentamiento, el desgobierno y la decadencia.

Claro que me gustaría adentrarme en otras dimensiones que abren estos comicios catalanes: Las razones de la abstención, la irrupción del fascismo de VOX, uno de los efectos más previsibles y graves de la locura secesionista, la debacle de la derecha españolista, la dignidad de la candidata de los Comunes, Jessica Albiach, aguantando el tirón pese a las gansadas de su teórico aliado, Pablo Iglesias…

Soy consciente que la victoria de Salvador Illa, pese a su contundencia, no da mucho margen al triunfalismo sobre las posibilidades de su acceso a la Presidencia de la Generalitat y a la formación del Gobierno de Catalunya. Pero tampoco acepto a los agoreros de oficio negando toda posibilidad al PSC y a Illa.

Aquí está todo por escribir en las próximas semanas y, que nadie se equivoque, el PSC no es un partido-golondrina como Ciudadanos; tiene sólidos fundamentos históricos y es parte vertebral de otro partido, el PSOE, que es a su vez pieza vertebral de la España democrática desde hace casi siglo y medio.

Todo se va a mover con tres salidas posibles: 1) La continuidad del racaraca del pacto Puigdemont-Junqueras, que se repelen tanto como ambos repelen al socialismo democrático. Pero que la ERC se lo piense, porque ella es de las pocas cosas en Catalunya que Puigdemont no ha logrado romper o descomponer aún, 2) Un Gobierno progresista para la reconciliación y la reconstrucción de Catalunya en base a la Constitución y al Estatuto de Autonomía, y volcado en la lucha contra la desigualdad y la injusticia social que por estos lares campan y crecen y 3) Elecciones a finales de mayo, para certificar la continuidad del desastre.



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