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El ecologismo, seña de identidad del PSOE

Narbona recuerda que el PSOE incorporó en su 39 Congreso "la sostenibilidad ambiental como garantía imprescindible de un progreso seguro, justo y duradero" y subraya que, en coherencia con ello, el Gobierno de Pedro Sánchez "ha situado la transición ecológica como una de las grandes prioridades de carácter transversal"

Actualidad | viernes, 18 de diciembre de 2020
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Cristina Narbona

Nuestro partido, a lo largo de sus más de 140 años de existencia, ha sido capaz de reconocer, integrar en su agenda y liderar los grandes cambios sociales, como consecuencia de nuestra apuesta por la igualdad y la justicia social.

Primero, fue la lucha de los sindicatos en defensa de los derechos de los trabajadores, en completa sintonía con el compromiso del PSOE desde el inicio de su andadura; y en esa lucha seguimos empeñados, ya que en España (y en muchos otros países) el paradigma neoliberal ha provocado graves retrocesos en la legislación laboral y en el papel de la negociación colectiva.

Las revindicaciones del movimiento feminista fueron incorporadas gradualmente en el ideario y en las políticas impulsadas por el PSOE -mucho antes que en el resto de los grandes partidos politicos-, hasta situar a nuestro país en los primeros puestos de todos los rankings internacionales en lo relativo a la defensa de la igualdad de género y la erradicación del machismo: en particular en su manifestación más grave, la violencia de género.

La lucha por los derechos de los trabajadores y los de las mujeres responden sin duda a esa apuesta por la igualdad: algo que nos diferencia radicalmente de las opciones conservadoras, que asignan al mercado (con la mínima regulación posible) la relación entre el capital y el trabajo, así como el creciente empoderamiento de la mujer. Y también confían en la “mano invisible” para  el acceso a la sanidad, la educación, la atención a la dependencia... acentuando con ello la desigualdad y la fractura social.

Los movimientos ecologistas han jugado un papel crucial -como los sindicatos y los movimientos feministas, en sus respectivos ámbitos-, en la creciente concienciación de la ciudadanía sobre los graves efectos de un modelo económico que no ha tenido en cuenta su impacto sobre los ecosistemas y los ciclos naturales. Durante muchos años, la mayoría de la opinión pública española consideró que este mensaje iba en contra del progreso: nada extraño en un país que alcanzó el bienestar material y la democracia en mucho menos tiempo que otros países de nuestro entorno, dificultando una visión critica del paradigma económico.

El PSOE no fue ajeno a esa visión productivista: hasta el año 2000 no hubo un responsable federal de la política ambiental, que previamente se entendía incluida en la Secretaria de Relaciones con la sociedad, ocupada del diálogo con asociaciones muy diversas: inmigrantes, discapacitados, gais y lesbianas... y ecologistas. Mi experiencia al frente de esa Secretaria me permitió comprobar cuánto nos quedaba aún, como partido, para integrar la consideración de las exigencias ambientales en nuestra agenda política. Resultó ser un periodo muy fructífero de conexión con nuestra militancia, a través de la OSMA (organización sectorial de medio ambiente), que llegó a incorporar a centenares de compañeros y compañeras en todos los territorios. Y ya como ministra de medio ambiente, desde 2004 a 2008, conseguimos un salto cualitativo en esta materia desde la acción de un gobierno socialista: se aprobaron diez leyes de contenido ambiental -buena parte como transposición obligada de directivas europeas-, se crearon instituciones muy valiosas -en particular la Fiscalía Especial para el urbanismo y el medio ambiente-  y por primera vez, en 2005, se redujeron las emisiones de gases de efecto invernadero (a pesar de un crecimiento del PIB de casi un 4%). Todo ello fue posible gracias al avance tecnológico que ya se había producido, en concreto en el ámbito de las energías renovables; pero también gracias a la creciente preparación de nuestros empleados públicos, que habían comenzado a interactuar en el ámbito internacional, enriqueciendo así la capacidad de nuestra administración frente a los desafíos ambientales. En ese contexto ya despuntaba Teresa Ribera, nuestra actual Vicepresidenta para la Transición Ecológica. Y, por supuesto, la comunidad científica venía alertando, cada vez con más urgencia, respecto de los graves efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación...

La ciudadanía ha ido comprendiendo la importancia de la ecología como requisito para una vida saludable y segura, y nuestro partido ha demostrado, una vez más, la capacidad de incorporar una nueva dimensión en la lucha contra las desigualdades: las consecuencias de las alteraciones de los equilibrios ambientales afectan de manera mucho más intensa a los países más pobres y a los ciudadanos más desfavorecidos, precisamente aquellos que menos han contribuido a dichas alteraciones.

Se trata, por lo tanto, de un extraordinario desafío ético, reconocido en esos términos en las resoluciones de nuestro 39 Congreso Federal, que recogían el contenido del documento “Por una Nueva Socialdemocracia”, en apoyo de la candidatura de Pedro Sánchez: “al tiempo que afirmamos la vigencia de nuestros principios (igualdad, libertad y solidaridad)... hay un nuevo principio básico del socialismo democrático: la sostenibilidad ambiental, como garantía imprescindible de un progreso seguro, mas justo y más duradero, tanto para las generaciones presentes como para las futuras... esta es una nueva seña de identidad, indispensable para defender nuestros principios, a la luz del conocimiento científico actual sobre la interdependencia entre los ciclos ecológicos y la realidad economica y social”.

El gobierno de Pedro Sánchez está actuando con plena coherencia respecto a lo aprobado en el 39 Congreso Federal, y ha situado la transición ecologica, con rango de vicepresidencia, como una de las grandes prioridades de carácter transversal, promoviendo una “transición justa“ para evitar que nadie se quede atrás. España, con el prestigio de nuestra vicepresidenta Ribera, defiende además en las instancias europeas una mayor ambición ambiental, -a gran distancia de los planteamientos esgrimidos por nuestros partidos de derecha y ultraderecha-. Estamos convencidos de la extraordinaria oportunidad de creación de empleo y de diversificación de nuestro tejido productivo, así como de lucha contra la despoblación del mundo rural, que suponen los nuevos fondos europeos para la recuperación, con un elevado volumen de recursos destinados a la transición ecológica.

Y queremos dar también ejemplo desde nuestra propia organización: hemos puesto en marcha el denominado Plan Luz Verde, para que nuestras sedes avancen en digitalización y en compromiso ambiental, con objetivos de reducción de las emisiones de CO2 que ya estamos cumpliendo en nuestra sede central. Animamos a todas las agrupaciones federales a sumarse a este empeño, para cuya financiación estamos recibiendo microcréditos de nuestros militantes. Nuestras casas del pueblo reflejarán así esta seña de identidad del ecologismo, que nos conecta con la ciudadanía más joven y más comprometida.



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