Por Cándido Méndez | domingo, 04 de octubre de 2020

FRANCISCO LARGO CABALLERO,
EL BUEN ESPAÑOL

Francisco Largo Caballero, extenuado por su internamiento en el campo de concentración nazi de Sachsenhausen -donde... 

05/10/2020 | "https://fundacionsistema.com/

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  • Por Cándido Méndez
    lunes, 05 de octubre de 2020    

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Francisco Largo Caballero, extenuado por su internamiento en el campo de concentración nazi de Sachsenhausen -donde Franco pensaba que moriría-, y con otras dolencias acumuladas, fallece en el exilio en París, en marzo de 1946, menos de un año después de su liberación. Largo Caballero había redactado su testamento en 1941, y en el punto primero del mismo afirmaba que su entierro tenía que ser civil, porque no había "tenido otra religión que el ser buen esposo, buen padre, buen socialista y buen español".

En el segundo punto expresaba su voluntad de que en cuanto fuera posible, sus restos se trasladasen a Madrid, porque quería, "volver a España, aunque sea muerto, adonde he nacido y he desarrollado todas mis actividades para hacerla grande moral y materialmente". En abril de 1978 sus deseos se cumplieron y sus restos reposan en el cementerio civil junto a los de su esposa Concepción Calvo, tras un traslado con asistencia espontánea y multitudinaria del pueblo madrileño, en una manifestación de las más numerosas de la Transición española. Los restos de Largo Caballero fueron acompañados en su primer entierro en Père Lachaise, París, de manera masiva por el exilio español y muchos trabajadores franceses, de manera tal que, recibió el cariño de los españoles exiliados y de los que permanecieron y nacieron durante esos 42 años que median entre un entierro y otro, en España.

En tercer lugar, recuerda en su testamento que había sido condenado "por el enorme delito de haber cumplido con mi deber según la Constitución". Y así fue, porque desde el Ministerio de Trabajo, primero, como Presidente del Gobierno y Ministro de la Guerra después, y como español comprometido con la legalidad democrática defendió, e hizo defender ante la rebelión de Franco, la Constitución de la Republica Española de 1931, primera en la historia del constitucionalismo español en la que se reconoce que los poderes emanan del pueblo y que todos los españoles son iguales ante la ley. En su breve mandato como Presidente y Ministro de la Guerra, (septiembre del 36 a mayo del 37), Largo Caballero asentó los fundamentos para la constitución del Ejercito de la República, que, junto al pueblo español, fue capaz de hacer frente durante 3 años a la mayoría de su propio ejército en rebelión, apoyado por las dos potencias militares más temibles de entonces, la Alemania nazi y la Italia fascista.

Sin embargo, ya en el exilio, y con el afán de acabar con la opresión y la miseria que sufría la mayoría del pueblo español con el régimen franquista, y consciente de que era vital un vuelco favorable de la opinión internacional y para obligar a Franco a dejar el poder, -relata Julio Aróstegui, desgraciadamente ya fallecido, en su formidable biografía de Largo Caballero, El Tesón y la Quimera– Largo Caballero llegó al convencimiento de que "si hubiese que manifestar algo como deseo de futuro estaba dispuesto a gritar República, República, pero antes que eso Libertad, Libertad.

He querido detenerme en estas facetas y visión de la personalidad de Largo Caballero, porque, salvo en lo referido a la guerra civil, el resto no son suficientemente conocidas.

Otras, por su gran impacto en la historia contemporánea de España si lo son:

1.- Su liderazgo en la Unión General de Trabajadores.

2.- Su contribución decisiva a la huelga de 1917, en la que la motivación de mayor peso para su convocatoria era la catástrofe social que sufría el pueblo trabajador español, ya que la neutralidad de España en la I Guerra Mundial se convirtió en una oportunidad de enriquecimiento fácil y despilfarro para la burguesía española, por la exportación a los contendientes de todo tipo de productos, que se traducía en un encarecimiento brutal de los productos de primera necesidad como el pan y el estancamiento de los salarios, frente a un crecimiento exponencial de los precios, abocando a la miseria a las clases trabajadoras españolas, ante la pasividad cómplice del gobierno de turno.

Su responsabilidad junto a Besteiro en la convivencia, que no connivencia, como diría éste, con la Dictadura de Primo de Rivera, en pura coherencia con su estrategia de participar, ya sea como concejal o diputado, para defender a los trabajadores en cualquier ámbito institucional, y desde la visión, acertada, que la Dictadura, alentada por el Rey, no era sino una continuación, bajo otra forma del Régimen de la Restauración.

Su protagonismo en la revolución de octubre del 34, que tuvo como espoleta la incorporación al Gobierno Lerroux de 3 ministros de la Ceda, en un proceso acelerado de fascistización. Largo Caballero lo pagó con su encarcelamiento en la Cárcel Modelo desde octubre del 34 a diciembre del 35.

Francisco Largo Caballero, durante su ejecutoria como Ministro de Trabajo, intentó como obra de un socialista, decía él, no como obra socialista, modernizar las relaciones de trabajo, incluidas las del campo español, acercándolas a la existente en países como Francia y Alemania, que conocía por sus relaciones con el sindicalismo europeo, a lo que sumaba su experiencia en la OIT, en cuya fundación participó en 1919 y de la que era un entusiasta. Los fundamentos de sus intentos de reforma se concretaron en la definición de un equilibrio en la interlocución patronos y obreros, a través del reconocimiento del protagonismo de las organizaciones sindicales y patronales, y en la implantación del Contrato de Trabajo. En España, la célula madre del Derecho del Trabajo se ubica, en gran medida, en aquellos intentos sociales reformadores.

Francisco Largo Caballero fue el gran impulsor de la Mutualidad Obrera Madrileña, para dar asistencia medico farmacéutica, de la que carecía, al pueblo trabajador de Madrid. Fue, probablemente, la obra de la que se sintió más satisfecho, de todas las que emprendió. Ni siquiera el franquismo se atrevió a desmontarla.

A este obrero madrileño, orgulloso de serlo, es al que el tripartito PP, Cs y Vox, que gobierna el Ayuntamiento de Madrid pretende, ya veremos si lo consigue, arrebatarle, junto a Indalecio Prieto, la calle que lleva su nombre. El partido Popular ha gobernado el Ayuntamiento de Madrid, durante 25 años, desde 1991, y nunca, hasta ahora, ha contemplado esta posibilidad. Es más, Álvarez del Manzano, el alcalde de mayor permanencia en la Alcaldía de Madrid, del PP, ha recordado en estos días que fue durante su mandato cuando se puso el nombre de Indalecio Prieto a una calle de Madrid. La razón de esta decisión, de una enorme gravedad democrática, está en la evidente supeditación ideológica del PP y de C,s de Madrid a Vox, un partido que, tras manifestaciones populistas, muchas veces grotescas, hunde sus raíces en una Trinidad ideológica aterradora como es el nazismo, el fascismo y su trasunto español el nacionalcatolicismo franquista. La irrupción, por vía democrática, de partidos de extrema derecha en Europa ya se viene produciendo de manera creciente desde hace años, y la respuesta del resto de los partidos democráticos, incluidos obviamente los de derechas, es combatirlos y no hacerles servilismo ideológico, como desgraciadamente ocurre en Madrid con el PP y C,s.

Lo ocurrido en el Ayuntamiento de Madrid muestra algunas evidencias:

La primera es que la diferenciación en Madrid del PP-Ayuso y el PP-Almeida es un espejismo.

La segunda es que la extrema derecha está en una fuerte ofensiva ideológica, porque es consciente, y en eso no se equivoca, que en la era digital las ideas siguen moviendo a los seres humanos, y las herramientas digitales son un mecanismo formidable para vender ideas simples, falsarias e ineficaces con las que dar esperanza a muchos ciudadanos que tienen graves dificultades para sacar adelante a sus familias, circunstancias agravadas por la pandemia y las restricciones sanitarias que se imponen para poder controlarla.

La tercera es que hemos descuidado, incluso dentro de nuestras organizaciones, la acreditación y vigencia permanente de nuestra historia y valores durante estos ultimo cuarenta años, lo que ha dado a la derecha sensación de impunidad para perpetrar atropellos como éstos. Ahora se hace más necesario si cabe, la aprobación de la Ley de Memoria Democrática, y hacer un esfuerzo sostenido para contextualizar el horizonte democrático de futuro, asentado en el valor del trabajo con derechos, la igualdad, y la doble transformación verde y digital, aceleradas por la pandemia, en el reconocimiento y vindicación públicas, de nuestra propia historia y nuestros líderes históricos, nuestras ideas y valores, que forman parte de la esencia más noble de España.

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