https://fundacionsistema.com/ | Por José Félix Tezanos | Director de Temas | miércoles, 02 de septiembre de 2020

¿QUÉ OCURRIÓ EN LAS VOTACIONES DEL 10 DE NOVIEMBRE DE 2019?

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Las motivaciones de los comportamientos electorales en momentos como los actuales cada vez son más complejas y difíciles de calibrar, debido no solo a la alta volatilidad de voto y a que los...

Las motivaciones de los comportamientos electorales en momentos como los actuales cada vez son más complejas y difíciles de calibrar, debido no solo a la alta volatilidad de voto y a que los votantes deciden cada vez más tarde a qué partido van a respaldar, sino por razones de fondo bastante sustantivas. Razones que tienen que ver con las propias motivaciones que llevan a votar por un partido o por otro en función de circunstancias coyunturales, a veces bastante específicas y de naturaleza no siempre "ideológica".

Por eso, es importante profundizar en el conocimiento empírico de las causas que incidieron en elecciones singulares, como fueron las que tuvieron lugar en España el 10 de noviembre de 2019, de las que se deriva la situación política actual.

En contraste con esta importancia, no deja de resultar curioso lo poco que se han analizado —en profundidad— dichas elecciones, que se tradujeron en un nuevo triunfo del PSOE, por mayoría simple, y una victoria de las izquierdas, en general. Izquierdas que, en esta ocasión, tardaron poco en ponerse de acuerdo en un programa de inspiración socialdemócrata que permitió formar gobierno sin más dilaciones.

Pero, sin embargo, en ese caso, los resultados no habían sido previstos con precisión en ninguna de las encuestas serias que se hicieron con ciertos días de antelación al de la votación. No solo en lo que se refiere a los votos específicos obtenidos por cada formación política, sino también en lo que concierne a los retrocesos experimentados por Unidas Podemos, que perdió 7 diputados, que se añadieron a los 24 que ya había perdido en abril; y, sobre todo, por Ciudadanos, que pasó en poco tiempo de ser un partido con aspiraciones a liderar todo el centro-derecha y la derecha española, a quedar convertido en un partido secundario, pasando de tener un 15,9% de los votos y 57 escaños, a quedarse con un 6,8% de los votos y solo 10 diputados, con una espectacular pérdida de cuatro senadores y 47 diputados; mientras Vox obtenía 28 diputados más y el PP 23 y 30 senadores.

Aunque posiblemente se acabarán publicando libros y tesis doctorales que analizarán a fondo lo que ocurrió durante los últimos días de aquella campaña electoral y en el mismo día de la votación, lo que no puede negarse es que todo aquello tuvo lugar en un contexto de alto voltaje político y emocional. Lo que dio lugar a que en pocos días se produjeran muchos cambios de intención de voto cruzados en varias direcciones y motivados por causas diferentes; pero, sobre todo, debido al alto grado de inflamabilidad que había adquirido el contencioso de Cataluña en pocos días. De forma que durante toda la campaña no había televisión que no reprodujera continuamente en sus informativos varias veces al día las impactantes imágenes de las fogatas que parecían cundir por los cuatro costados del territorio catalán, con padres y madres corriendo con sus bebés en brazos, con coches y contenedores quemados y con enfrentamientos aparentemente muy violentos entre policías y manifestantes. Aunque, al final, realmente fueron solo unos pocos los coches quemados, y únicamente se produjo —afortunadamente— un muerto en las manifestaciones, y a causa de un infarto de miocardio.

Pero, lo cierto es que las imágenes de los conflictos eran tan impactantes como recurrentes, de forma que no pudieron dejar de influir, tanto en el subconsciente, como en la conciencia viva de muchos ciudadanos a la hora de depositar sus votos en las urnas. Posiblemente más fuera de Cataluña que en la propia Cataluña, pero claramente en ambas, plausiblemente con efectos diferentes.

Por eso, en la campaña electoral y en las votaciones de noviembre lo primero que se produjo fue una inversión notable de la problemática política que era más prioritaria para los electores, imponiéndose una agenda temática muy específica por parte, sobre todo, de los partidos de la derecha española, con un apoyo importante por la mayoría de los medios de comunicación social.

De esta manera, mientras que en la encuesta postelectoral del CIS del 13 de diciembre de 2019 los encuestados tenían la percepción de que la campaña electoral había estado centrada muy especialmente en la situación de Cataluña y la cuestión territorial (30,2%), seguida por las diversas disputas entre partidos y las acusaciones personales (17,4%), mientras que otras cuestiones importantes para los ciudadanos se pensaba que apenas habían merecido atención: como el paro y la baja calidad de los empleos (4,1%), la economía (4%), las pensiones (1,2%), o las políticas sociales y los servicios (vivienda, educación, sanidad, etc.) que solo mencionaban el 0,3% de los encuestados (vid. tabla 1).

El contraste de estas percepciones con las cuestiones que en aquellas mismas fechas (barómetro de noviembre y encuestas pre y post electoral) eran problemas importantes para la inmensa mayoría de la población, no puede ser mayor (vid. tabla 1), siendo precisamente algunas de las cuestiones que más preocupaban a los españoles las que menos atención se pensaba que habían tenido en la campaña. Por ejemplo, la economía, que se situaba en parámetros muy altos en la consideración de los encuestados, tanto como problema de España (en torno al 30%), como problema personal (29,1%), quedaba siente veces por debajo en atención electoral estimada, constatándose desfases similares en la atención a las pensiones (1,2% respecto a 11,4%, 16,6% y 9,9%) y, sobre todo, en la atención a las grandes cuestiones sociales (sanidad, educación, vivienda, etc.) que eran importantes para el 23,4%, el 46% y, sobre todo, el 41,8%, como problemas más importantes de España, con un desfase en estas cuestiones que iba de 153 veces más a 139 (vid. tabla 1).

Es decir, tanto antes de la campaña y durante la campaña, como después de esta los datos empíricos indican que una mayoría muy abultada de españoles tenían la impresión de que en la campaña electoral de noviembre de 2019 las cuestiones a las que prestó más atención en los debates estuvieron enormemente alejadas de los asuntos que a ellos más les concernían, o que pensaban que eran los problemas más importantes de España en aquellos momentos.

En el propio barómetro de noviembre, que se efectuó con una amplitud muestral mayor de la habitual (4.805 encuestas) para posibilitar comparaciones y análisis ulteriores más precisos (ya que se realizó en coincidencia con la propia campaña electoral), nada menos que un 43,9% de los encuetados indicaron que la situación existente en Cataluña les influía en "su decisión de votar o no votar, o por quién hacerlo el 10 de noviembre". De estos encuestados, un 17% decían que "les incentivaba a votar, aunque antes tenían dudas o no pensaban votar", al tiempo que a un 5,7% "les incentivaba a abstenerse, siendo un 7,4% los que indicaban que "les llevaba a votar por un partido distinto al que inicialmente pensaban votar". Lo que supone algo más del 3% del total de encuestados, que para unos niveles de participación como los que se dieron en esos comicios (66,2%, con una bajada respecto a los anteriores comicios de 5,6 puntos), supone un 4,9% del total de los que finalmente votaron el 10 de noviembre.

Las posibilidades de cambio de voto a partir de este panorama están recogidas en su totalidad en la página web del CIS, concerniendo por lo general a todos los partidos, pero a dos de manera más amplia (PSOE: 39,6%, y VOX: 29,3%) y a los otros tres grandes partidos de manera algo menor y muy similar (Ciudadanos: 19,57%, PP: 17,3% y Unidas Podemos: 16,6%). Todo ello, claro está, en relación a ese 3,2% de encuestados (4,9% de votantes, según el grado de participación alcanzado) que decían sentirse influidos por la situación de Cataluña a la hora de votar.

La encuesta postelectoral del CIS realizada después del día de la votación (entre el 29 de noviembre y el 19 de diciembre) aportó información más fehaciente sobre el porcentaje final de electores que se vieron influidos en su decisión de voto por "lo ocurrido últimamente en Cataluña" —según se decía en la pregunta correspondiente—, siendo estos nada menos que un 24,2% del total de encuestados. Una proporción muy notable que revela el considerable impacto que dichos hechos tuvieron en esos comicios.

La manera en la que se produjo tal influencia fue bastante variada (vid. gráfico 1), siendo en total un 13,4% de estos votantes (otra vez, casi un 5% de los que votaron) los que indicaron un cambio de voto de un partido a otro: un 9,3% había un partido "que defiende más la unidad de España" y un 4,1% a favor de "un partido que defiende el diálogo y el entendimiento". En concreto, los cambios influidos por una voluntad unitaria del Estado fueron mayores (24,9%) que los proclives a, o bien una mayor independencia de Cataluña, o hacia el diálogo y el entendimiento (17,4%). Con lo que podemos decir que el factor pro-unitario en este caso movilizó a un 6% de los encuestados y plausibles votantes, según la encuesta postelectoral del CIS. Lo cual es una proporción de encuestados bastante significativa en casos como este.

Lógicamente, entre los partidos que se mencionan por ese 3,2% (bruto) que fueron influidos por la situación de Cataluña en su voto final, respecto a los señalados como aquellos por los que antes tenían intención de votar, aparecen en primer lugar el PSOE (26,6%), seguido por Ciudadanos (15,7%), el PP (15,2%), Vox (11,9%), Unidas Podemos (4,2%) y En Comú Podem (1,8%), etc., con un 1,5 del voto blanco y nulo y un2,8% de la abstención.

Asimismo, resulta pertinente recordar, junto a todo anterior, que en las elecciones de noviembre de 2019 un 14,7% de los encuestados dudaron entre votar por varios partidos, y otro 5,2% dudó entre diversos partidos y/o la abstención y el voto en blanco o nulo.

Entre los partidos que fueron concernidos en mayor grado por estas posibles dudas estaban el PSOE, de manera bastante destacada (citado por el 36,4% de los dudosos y por un 7,6% de los que finalmente votaron), seguido por Unidas Podemos y el PP en parámetros muy similares (25,9% y 24,7% respectivamente), situándose algo por debajo Ciudadanos y Vox (16,2% y 14,7%, respectivamente) (vid. gráfico 2). En cualquier caso, en esta distribución de los "dudosos" hay que tener en cuenta que influyen también, aunque no solo, las propias dimensiones electorales potenciales de cada uno de los partidos políticos, siendo proporcionalmente mayor, en principio, el porcentaje de dudosos entre los partidos que cuentan con mayores apoyos que en aquellos en los que estos son más escasos.

Si situamos todas estas tendencias y situaciones en el contexto de alta volatilidad que suele afectar a las votaciones en nuestros días, puede entenderse que algunas de las tendencias de voto que se habían detectado un mes antes de la fecha de los comicios se pudieran ver modificadas durante el propio curso de la campaña y de la precampaña. Cambios que, lógicamente, no podían ser detectados antes de producirse, es decir, antes de que determinados electores no acabaran de tomar su decisión definitiva sobre el partido político por el que iban a votar. Algo que cada vez más personas tienden a decidir cada vez más tarde; en algunos casos incluso el mismo día de la votación (entre el 7% y el 4% durante la última semana) (vid. tabla 2). Lo que hace más difícil cualquier previsión basada en criterios científicos de carácter empírico, y no en meras intuiciones o adivinaciones. A no ser, claro está, que se hagan las encuestas el mismo día de la votación. ¿Para qué? ¿Solo para presumir de adivino?

En definitiva, los datos empíricos de los que se dispone sobre las peculiares elecciones del 10 de noviembre de 2019 permiten establecer las siguientes conclusiones:

  • La menor participación electoral en los comicios de noviembre, respecto a los de abril de ese mismo año (66,2% respecto al 71,8%) modificó algunas de las orientaciones de voto, afectando especialmente al PSOE, al que, según los datos de la encuesta postelectoral del CIS, pensaban votar un 27,6% de los que se abstuvieron porque no quisieron votar, en comparación con un 12,5% que hubieran votado al PP, un 12,2% a Ciudadanos y un 11,6% a Unidas Podemos. Aunque esto representa una proporción bastante pequeña del conjunto de los votantes.
  • El voto del PSOE también se vio afectado por factores circunstanciales (conflicto de Cataluña) entre aquellos que dudaron en votar por un partido u otro.
  • El conflicto de Cataluña afectó de manera muy acusada a los debates durante la campaña, dando lugar a una agenda política muy específica, que no coincidía con el orden y prioridad de los problemas de España y de los suyos en particular, que consignaban entonces los españoles en las encuestas del CIS; sobre todo en detrimento —y práctico ocultamiento— de las cuestiones sociales y laborales, en las que el PSOE tenía mayor fortaleza.
  • En opinión de los encuestados, los partidos políticos que en mayor grado alentaron esta sustitución tan drástica de la agenda política en la campaña fueron, principalmente, el PP (18,9%) y Ciudadanos (15,4%).
  • Los datos indican que cada vez más electores toman la decisión de por quién votar el mismo día de los comicios o la semana anterior (un 15,9% en este caso), de forma que, en su conjunto, está aumentando un nuevo tipo de voto más volátil y de coyuntura momentánea, en comparación con un voto más arraigado y más ideológico y estructural y, por lo tanto, más estable y predecible. En contraste con la exhumación de los restos de Franco, que influyó poco en la intención de voto (un 5,7% dicen que les influyó y de ellos un 19,5% dicen que cambiaron su voto, lo que supone el 1,1% del total de encuestados).
  • En su conjunto, puede decirse que el conflicto de Cataluña y la manera en la que este ser produjo y se publicitó (cumplidamente) afectó de manera muy importante al comportamiento electoral final de muchos españoles, con un fuete componente de voto del miedo y reclamador de más autoridad y poder central, en beneficio de partidos situados más a la extrema derecha y que finalmente recogieron apoyos de un electorado que no está en sus mismas coordenadas ideológico-políticas de extrema derecha y de ubicación social-laboral dependiente. Por ejemplo, según los datos de la encuesta postelectoral del CIS, en las elecciones del 10 de noviembre a Vox le votaron un 16,1% de personas que se situaban en alguna de las cinco posiciones ubicada a la izquierda del espectro político-ideológico y otro 16,6% que se situaban en el centro moderado, así como un 20,2% de electores que en la identificación subjetiva de clase se consideraban clases dependientes (clase obrera, trabajadora, baja, proletariado, etc.). De igual manera, un 6,4% de sus votantes en noviembre de 2019 se autodefinían ideológicamente como "progresistas" y otro 4,3% como socialdemócratas y socialistas. Lo que denota la existencia de unos apoyos de carácter no ideológico, sino plausiblemente coyunturales en función del contencioso catalán.
  • En su conjunto, el PSOE era en los momentos de realizarse estas encuestas del CIS, el partido político que tenía más recorrido potencial de voto (voto secundario, así como el partido más considerado en votos dudosos, simpatía de los indecisos, valoraciones indirectas, partido más cercano en ideas, etc.).
  • Los datos de barómetro del CIS de noviembre, realizado en paralelo al desarrollo de la campaña electoral de los comicios del 10 de noviembre, revelan la importancia de las motivaciones negativas de voto, como sostienen bastantes expertos electorales, hasta el punto de que en esos momentos un 54% de los encuestados referían razones negativas para animarlos a votar en las elecciones. En concreto, un 37,3% decía que lo haría para "intentar evitar que puedan ganar partidos de derechas", en tanto que un 16,2% sostenían que lo harían para "intentar evitar que puedan ganar partidos de izquierdas", mientras que solo un 6,2% mencionaban la razón de "ser el partido que ofrece soluciones", "por identificación con el partido o posición ideológica", y otro 3,1% por entender que ese "es su derecho y su deber u obligación", al tiempo que un 3,3% alegó otras motivaciones, manteniéndose el resto (cerca del 30%) en otras posiciones (NS, NC, no votará, o vota siempre).

 

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