El gran acuerdo

Finalmente, Sánchez vuelve de la histórica cumbre europea más reforzado. Y no porque haya tenido allí un papel estelar, cosa que, por cierto, no tocaba, sino porque vuelve a España con un formidable paquete de apoyo a nuestra economía. Se ha ganado el sueldo, vamos.

27/07/20 | Por Adolfo Piñedo Simal | https://adolfopinedosimal.wordpress.com/
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El FMI prevé que la economía mundial se contraerá un 4,9 % en 2020, la cifra más alta jamás vista desde la crisis de 1929. Siendo como es un problema general, la crisis económica derivada del COVID 19 tiene intensidades diferentes. Así, para EE UU se prevé una caída del 8,0 % y del 10,2% para la Eurozona. En contraste la economía China crecerá este año un 1,0 % a pesar de ser el primer país donde se declaró la pandemia. Para España, el FMI anuncia una caída del 12,8 %, similar a la de Italia y Francia.

Por sectores, los más afectados por la pandemia son aquellos en que el contacto interpersonal es más intenso. Tal es el caso del turismo, la hostelería y el transporte. Por ello, los países más afectados son aquellos en que el turismo tiene mayor peso en el conjunto de la economía. Eso explica la mayor intensidad de la caída de los países del Sur de Europa. Desde luego, no por ser países despilfarradores o derrochadores que es lo que parece insinuar, por contraste, el término "frugales" que se aplican el grupo de países que se han opuesto al acuerdo.

Así como la caída ha sido tan brusca como las medidas de cierre adoptadas. La recuperación se muestra incierta, sobre todo porque los rebrotes que estamos viendo en todas partes anuncian nuevas restricciones. A pesar de la apertura, el temor al contagio y la incertidumbre de los futuros ingresos mantienen vacíos muchos hoteles y restaurantes a pesar de haberse abierto. La incertidumbre lastra la recuperación, de modo que hay que contemplar que, por lo menos, hasta 2022 no volvamos a recuperar un PIB similar al de 2019. Todo sin contar con que tengamos una segunda oleada.

Todos los grandes países han adoptado paquetes de medidas encaminadas a abordar la crisis económica derivada del COVID. Se trata de grandes paquetes económicos que EE UU, Japón, China y ahora la UE adoptan para estimular la recuperación, proteger a los más afectados por la crisis y apoyar a las empresas, procurando que los cierres temporales de empresas se conviertan en definitivos. En definitiva, la UE ha adoptado medidas similares a las de otros bloques económicos.

La gran novedad de esta crisis es que la UE aprueba un gran paquete de medidas para todo el bloque. En la anterior crisis, cada país hubo de afrontar su crisis y la UE actuó rescatando a este o aquel otro país, rescates consistentes en préstamos condicionados a reformas (muy notablemente, recortes sociales). Esta vez la UE actúa como un bloque económico unido. Además, el BCE mantiene la política que puso en marcha Draghi en la anterior crisis, encaminada a evitar el desplome del sistema financiero y del euro.

La razón de este cambio de actitud está en la dinámica mundial, caracterizada por la emergencia de China. Ahora tenemos no una gran potencia económica sino dos y en competencia entre sí. Trump ha roto las reglas del juego del comercio mundial y ahora, los países europeos se ven abocados a encontrar su papel en ese nuevo mundo, negociando con EE UU y con China. Y, una de dos, o se hace país por país o se hace como un bloque. Es bastante claro que ante los dos gigantes de la economía mundial ningún país, ni siquiera Alemania, tiene peso suficiente. En realidad la gran decisión adoptada el 21 de Julio en Bruselas ha sido la de reafirmar la Unión. Hay momentos en la historia en que o se avanza o se retrocede. No hay posibilidad de quedarse igual. El no acuerdo hubiese conducido al retroceso de la Unión porque cada país se hubiese visto obligado que buscarse las lentejas por su cuenta, incluso con rupturas del mercado interno y, quizás, del euro. No sé si los”frugales” han trabajado con esa perspectiva o simplemente han tratado de arañar algunas concesiones.

Las larguísimas y complejas negociaciones revelan que las resistencias a emprender este camino de mayor integración son muy importantes. De ahí que haríamos bien en acoger el acuerdo con un suspiro de alivio, pero con la certeza de que muchos y nuevos obstáculos aparecerán y habrán de ser vencidos. Los países opuestos al acuerdo, los mal llamados frugales, no han logrado bloquearlo, ni tampoco retrasarlo. Lo que sí han conseguido es recortarlo un poco y empeorarlo otro poco. Pero una vez anunciado por Macron y Merkel, el plan de recuperación era muy poco probable que Holanda lo hiciera descarrilar. Otra cosa hubiese sido si la los frugales hubiesen estado encabezados por el Reino Unido. Como no hay mal que por bien no venga el Brexit ha terminado siendo bueno para la causa de la UE.

Hay una rara unanimidad en la prensa en destacar que el acuerdo es bueno para Europa y bueno para España. Sin duda lo es. Sin la inyección de recursos de 140.000 m€, hubiese sido muy difícil superar la enorme crisis económica en que estamos inmersos. No quiere decir que ahora vaya a ser fácil. Ahora, simplemente, es posible.

Lo más urgente que el Gobierno tiene por delante es sacar adelante un presupuesto para los dos próximos años ya que como todos los pronósticos señalan, 2021 y 2022 serán los años de la recuperación. El Acuerdo Europeo pone las cosas menos difíciles, pero la dificultad sigue existiendo debido a nuestro peculiar conjunto de partidos políticos.

La comisión parlamentaria para la reconstrucción, cuyas conclusiones se han votado casi a la vez que se anuncia el gran acuerdo, ha dejado claro que, a pesar de la voluntad de negociar por parte del Gobierno, no hay ni habrá un nuevo Pacto de la Moncloa. Importa saber por qué y no caer en los topicazos y chorradas que emiten sin parar tertulianos y comentaristas.

El arco parlamentario actual contiene dos elementos extremistas. Se trata de Vox y de JxCAT. Vox representa un nacionalismo extremo y reaccionario. JxCAT lo mismo, solo que su nacionalismo extremo y reaccionario se aplica a Cataluña. Para Vox no hay otro objetivo que acabar con el Gobierno social-comunista como sea y cuanto antes y, por tanto, cualquier pacto con el Gobierno es anatema. Para JxCAT, cualquier apoyo al Gobierno es anatema, ya que sueñan con que en España la crisis sanitaria y económica derive en una crisis social que abra paso a una crisis institucional de la que pueda derivarse la secesión de Cataluña.

Es evidente que no existe ninguna posibilidad de acordar nada ni con Vox ni con JxCAT. Dicho sea de paso, el gran acuerdo es una malísima noticia para ambos ya que refuerza al Gobierno y aleja la posibilidad de una crisis del Estado. En general, es un revés para el nacionalismo en todas partes. El problema no es el peso que esos partidos tienen por sí mismos sino la influencia que ejercen respectivamente en el PP y en ERC con quienes compiten ferozmente por liderar el campo de las derechas y el campo del independentismo catalán, respectivamente. Tanto PP como ERC están sometidos a una fuerza atractiva hacia una eventual negociación con el Gobierno, que es lo que pide la situación de crisis sanitaria y económica que vivimos, y una fuerza repulsiva, contraria a pactar con el Gobierno, para no ser acusados de traidores o débiles por sus competidores.

El Gobierno haría bien en intentar la negociación de un presupuesto tanto con el PP como con ERC, siendo consciente de que, muy probablemente, no contará con sus votos. Esta situación de atracción y repulsión a la vez, explica la posición de Casado en relación al gran acuerdo. Primero dice que el acuerdo es bueno para España y se apunta un tanto adjudicando el mérito al PPE del que forma parte el PP. A renglón seguido y sin despeinarse, señala que el acuerdo es un rescate en toda regla y, se supone, muy malo para España de lo que culpa al Gobierno.

Con los 140.000 m€ comprometidos, el Gobierno debe preparar una propuesta de presupuesto, el más importante en muchos años y negociar con tirios y troyanos hasta alcanzar el apoyo de una mayoría parlamentaria suficiente a este presupuesto excepcional. Porque tendría un punto que después de haber alcanzado un acuerdo en Europa, ahora no pudiéramos sacar partido de él por falta de apoyos en España.

Finalmente, Sánchez vuelve de la histórica cumbre europea más reforzado. Y no porque haya tenido allí un papel estelar, cosa que, por cierto, no tocaba, sino porque vuelve a España con un formidable paquete de apoyo a nuestra economía. Se ha ganado el sueldo, vamos.

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