https://fundacionsistema.com/ | Por José Félix Tezanos | Director de Temas | domingo, 19 de julio de 2020

¿ACERTARON LOS PRONÓSTICOS DEL CIS SOBRE LAS ELECCIONES VASCAS Y GALLEGAS DEL 12 DE JULIO?

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Cuando el mundo se encuentra en una tesitura inquietante, emplazado ante graves problemas de salud e inseguridades económicas y laborales, con dificultades para encontrar enfoques de gestión...

¿ACERTARON LOS PRONÓSTICOS DEL CIS SOBRE LAS ELECCIONES VASCAS Y GALLEGAS DEL 12 DE JULIO?

Cuando el mundo se encuentra en una tesitura inquietante, emplazado ante graves problemas de salud e inseguridades económicas y laborales, con dificultades para encontrar enfoques de gestión política a la altura de los retos, resulta un tanto bochornoso el comportamiento de ciertos comentaristas y políticos de vía estrecha que no son capaces de mirar más allá de sus pequeñeces y sus querellas de vía estrecha, volviendo una y otra vez sobre asuntos propios de la infrapolítica.

Por eso, cada vez que veo que algunos vuelven con los mismos tópicos y mentiras sobre el "CIS de Tezanos", no puedo sino sentir sonrojo y una cierta hartura intelectual ante tales propósitos de cuestionar la validez de unos datos y unas determinadas tendencias políticas y preelectorales, que luego se ven —hoy por hoy— verificadas por la incuestionable evidencia de las urnas.

De ahí que el reduccionismo obsesivo de aquellos que llevan varios años anunciando unas victorias de la derecha que no acaban de llegar, tienda a deslizarse inevitablemente hacia manifestaciones un tanto cómicas. Y, por supuesto, cada vez más alejadas del sentido común y de la jerarquización de las prioridades que hacen los ciudadanos serios y las entidades responsables.

Personalmente he de confesar que siento pudor cuando tengo que ocuparme de desmentir los bulos y falsedades que recurrentemente se lanzan contra el "CIS de Tezanos", o cuando veo que algunos compran estas mercancías tan politizadas como sesgadas, cuya única finalidad es intentar presentar a un bloque PP-Vox como posible ganador de unas próximas elecciones, intentando insuflar ánimos a los suyos, mientras que el PSOE, en particular, y la izquierda, en general, son presentados como perdedores inminentes, en un esfuerzo baldío —y casi propio del chamanismo— de inducir desánimos, pesimismos y desmovilizaciones.

La obsesión en seguir una estrategia de imagen tan simplona, cuando la situación general requiere buen ánimo y capacidades de entendimiento —como suele ser habitual en situaciones como las actuales—, al final ha derivado en escenarios bastante dislocados, en los que incluso se falsifican los datos del CIS, y no se diferencia entre las encuestas propias del CIS y las que, debido a los efectos de la pandemia, se han encargado a otros institutos de investigación. Todo lo cual, incluyendo los inventos estadísticos, se intenta presentar como el "CIS de Tezanos".

Aunque siempre he aclarado que ni yo soy adivino, ni lo pretendo, ni trabajo para que el CIS sea una institución adivinadora, lo cierto es que algunos "capitanes a posteriori" (o comandantes) no cejan en su propósito de someter a un cuestionamiento total las tareas analíticas del CIS, sin acabar de entender que el papel del CIS, como el de cualquier institución sociológica profesional o de cualquier sociólogo serio, es proporcionar a la sociedad española —a todos— datos rigurosos sobre la evolución de la opinión pública —sobre todo, en momentos cruciales como los actuales— y referencias objetivas sobre las tendencias que permitan identificar informaciones sociológicas rigurosas.

Sin embargo, cada vez que hay unas elecciones, los mismos comentaristas y sociólogos —y parasociólogos—presentan análisis sesgados y a veces inventados sobre el CIS. Por ello, no ha resultado extraño que también en esta ocasión se hayan escuchado voces y se hayan difundido escritos que no se han atenido a la realidad de los hechos, ni a los pronósticos auténticos del CIS, sino que como hacían ciertos fanáticos antiguos se inventan una doctrina maniquea disparatada, para punto y seguido descalificarla sistemáticamente.

En estos días algunos líderes políticos, y unos pocos medios de comunicación —los de siempre—, han llegado a sostener que el CIS fracasó por completo en los pronósticos de las últimas elecciones vascas y gallegas. Lo cual está alejado de la realidad. Por eso, y para eso, han llegado a "inventarse" unos datos del CIS totalmente diferentes de los que el CIS publicó con transparencia y prontitud en su página web; que cualquiera puede consultar con total libertad.

El candidato del PP en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, incluso llegó a sostener en su comparecencia pública en la propia noche electoral que "Tezanos se había columpiado" y equivocado asignándole solamente un 2,8% de los votos y vaticinando su práctica desaparición política del País Vasco. Frente a lo cual oponía, tan contento, sus resultados como un auténtico éxito porque —decía— había "derrotado a las encuestas de Tezanos", obteniendo el 6,7% de los votos y 5 escaños. Sin embargo, como ya ha aclarado "Maldito bulo", en realidad el pronóstico del CIS fue que la candidatura conjunta del PP y Ciudadanos obtendría el 5,9% de los votos y entre 3 y 6 escaños en el País Vasco. Es decir, casi exactamente a lo que ocurrió.

Igualmente, desde las páginas de Vozpópuli, por ejemplo, se llegó a sostener que "el CIS había vuelto a fracasar", afirmando literalmente: "Tezanos se estrella el 12J" y "el CIS realizó pronósticos muy alejados de los datos". Para avalar tales titulares, se afirmaba que el pronóstico del CIS sobre las elecciones gallegas fue del 34,7% de los votos para el PP, con una diferencia —se añadía— de más de 13 puntos respecto a lo que realmente ocurrió. Sin embargo, la realidad es que el CIS pronosticó un 46% de los votos y entre 39 y 42 escaños, habiendo obtenido el PP el 47,98% de los votos y 41 escaños. Es decir, solo con una variación de solo dos puntos en los votos y un acierto completo en los escaños. A más abundancia, desde Vozpópuli también se decía que en el País Vasco el CIS había pronosticado un 31,9% de los votos para el PNV, con una desviación de 7 puntos respecto a lo que ocurrió. También en este caso, lo cierto es que el CIS pronosticó el 40,8% de los votos para el PNV, obteniendo este partido un 39,6%; es decir, con una diferencia de décimas, y con acierto también en el número de escaños.

La verdad es que después de hablar con un alto responsable de Vozpópuli, a quien respeto, los datos atribuidos al CIS fueron rectificados y ajustados a la realidad en el artículo, pero no se cambiaron los titulares, de forma que al final se produjo una situación cómica, con unos titulares que anunciaban una cosa ("un fracaso del CIS" y "Tezanos se estrella" con datos muy alejados en los pronósticos electorales), que luego no coincidían en nada con el texto en el que se referían informaciones (verdaderas) que revelaban que las previsiones solo se desviaron en apenas algún punto o solo en unos decimales de lo que ocurrió con los grandes partidos; es decir, en lo que concierne a los votos y escaños obtenidos por el PP, por el PNV, por el PSOE y por la coalición PP-Ciudadanos, llegando en algunos casos a una coincidencia prácticamente absoluta, por ejemplo, en el caso del PSdeG-PSOE en Galicia, al que se le estimó un 19,5% de los votos y, finalmente, obtuvo un 19,4%.

Con lo que, en este caso y en otros similares, los lectores atentos de tales informaciones seguro que no podrían salir de su perplejidad.

Igual podríamos decir de la entrevista que el diario ABC —nada sospechoso de neutralidad ni de indefinición política— realizó la semana posterior a las elecciones a un conocido empresario de la adivinación sociológica, que sostenía que antes de las últimas elecciones generales de noviembre de 2019 el CIS se había equivocado pronosticando un 41% de votos para el PSOE —¿de dónde se saca este despropósito?— equivocándose en 13 puntos. ¿Por qué tanta obsesión en hablar de 13 puntos de error? ¿Tendrán también alguna obsesión numerológica de carácter mágico?

Después de las elecciones vascas y gallegas, los militantes más anti-CIS intentaron compensar tales aciertos –de los que como científico siento pudor en resaltarlos por su carácter relativo y en parte aleatorio– argumentando que el CIS de Tezanos no "adivinó" ni el desplome de Podemos en Galicia, ni su retroceso en el País Vasco, ni el correspondiente ascenso del Bloque en Galicia. Algo que, ciertamente, nadie podía prever cuando se hizo la encuesta preelectoral del CIS; aunque lo cierto es que en estas encuestas del CIS —que se hicieron en junio— ya se apuntaban importantes tendencias de crecimiento del Bloque y de EH-Bildu, con los correspondientes retrocesos notables de Podemos.

El furor crítico contra el "CIS de Tezanos" no tiene en cuenta que las posibilidades de anticipación de comportamientos electorales cada vez están más condicionados por el hecho de que un número creciente de electores están dudosos y deciden a quién van a votar la última semana de la campaña, o incluso el mismo día de la votación. A lo que se une que cada vez menos personas suelen votar siempre por el mismo partido político (en este caso el 24,6% en el País Vasco y solo el 19,1% en Galicia), con lo que la volatilidad de voto puede llegar a ser enorme. A su vez, el hecho de que la decisión de por quién votar se produzca cada vez más cerca de la fecha electoral nos sitúa ante panoramas bastante abiertos hasta el final. Por ejemplo, más del 30% de los encuestados en Galicia y más del 23% en el País Vasco afirman que suelen decidir por quién votar durante la campaña. A lo que hay que añadir un 7,3% en Galicia y un 5,6% en el País Vasco que toman la decisión durante la propia jornada electoral. ¿Cómo adivinar lo que ni siquiera los propios votantes han decidido todavía si no eres el "capitán —o comandante— a posteriori"? Por eso, resulta bastante ingenuo abordar cuestiones propias de la Sociología como disciplina científica, como si fueran asuntos adivinatorios, o como recursos para una dialéctica partidaria de descalificación personal y de operaciones sistemáticas de desinformación; que es en lo que algunos realmente están "trabajando". Y de lo que saben, y hacen, de manera organizada y un tanto fanatizada.

La verdad es que no sé si argumentar, reflexionar o hacer pedagogía sobre estas cuestiones —como yo intento— puede servir realmente para algo ante los que están empeñados en unas prácticas y unos argumentarios que son netamente políticos, y no científicos.

Aun así, y aunque pueda ser tachado de ingenuo, no se me puede negar el derecho a manifestar mi sorpresa por la utilización de datos e informaciones que no se corresponden con la realidad, con una finalidad puramente maniquea de criticar al CIS de Tezanos "porque sí". Algo que, desde la ética profesional, no se puede entender y que vulnera los criterios más elementales de la veracidad, tanto en la profesión de periodista, como en la de sociólogo. ¿Por qué?, ¿para qué? y ¿bajo qué órdenes, instrucciones o incentivos? Quizás sobre esto habrá que volver con más detalle en otro momento.

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