EL SOCIALISTA Nº 69 12 de junio de 2020

El coronavirus y la socialdemocracia

Artículo de Luisa Carcedo, secretaria adjunta de Sanidad y Consumo, para `El Socialista´

EL SOCIALISTA Nº 69 12 de junio de 2020 | 13 de junio de 2020
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Luisa Carcedo

Antes de empezar a leer este artículo, muchos se preguntarán qué tiene que ver un virus con la ideología. Veamos En poco más de 4 meses hemos visto cómo ha cambiado radicalmente nuestra forma de relacionarnos, nuestra forma de comportarnos y hasta nuestra forma de valorar la vida. La irrupción de un nuevo virus en el ecosistema microbiano que coloniza el ser humano ha sido el responsable de este enorme impacto en nuestra convivencia que apreciábamos como de gran seguridad y estabilidad.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) venía advirtiendo reiteradamente de la amenaza de grandes pandemias originadas por los efectos del cambio climático, nadie era capaz de imaginarse un escenario como el que nos ha tocado vivir en los últimos meses. Una epidemia como ésta simplemente no cabía en nuestra sociedad y era difícil contemplar cualquier precaución al respecto. Sencillamente eso no cabía en nuestra sociedad, era cosa del "tercer mundo". Además, si ocurría, nuestro sistema sanitario sería capaz de curar los posibles casos afectados.

Pero la pandemia nos sorprendió y ha impactado de forma abrupta en nuestro cuerpo biológico y en nuestro cuerpo social, afectando a la salud de las personas contagiadas y alterando nuestro modelo social y económico. Y cabe preguntarse si existe alguna razón que explique este impacto tan radical en nuestras vidas.

La primera pregunta que debemos hacernos es por qué se están produciendo con tanta frecuencia los saltos de virus desde animales salvajes al ser humano, extendiéndose con rapidez por su capacidad de transmisión respiratoria entre personas y causando gran enfermedad por la ausencia de memoria de nuestro sistema inmunológico de defensa. Esta situación se agrava a causa de la aceleración de movimientos por la globalización, que proyectan los contagios rápidamente a nivel planetario. Sucedió con otros virus antes: el sida, el ébola, la gripe A, el SARS, el MERS,….cado uno causando enfermedades diferentes.

La respuesta debemos buscarla en la ruptura de los equilibrios ecológicos en ecosistemas que se había venido manteniendo durante millones de años. La pérdida de biodiversidad, la desaparición de especies vegetales y animales que albergaban todo un universo microbiano favorece la colonización de nuevas especies. Debemos recordar que los humanos, en este equilibrio, somos seres biológicos, que formamos parte de los ecosistemas del planeta. Aquí se produce una primera ruptura: de la sostenibilidad del planeta. Desafortunadamente aún persisten tesis negacionistas refugiadas en pensamientos reaccionarios de la derecha y la extrema derecha que pretenden ignorar las advertencias sobre las evidencias de la acción del hombre sobre la capacidad de regeneración del planeta y los equilibrios de sostenibilidad.

La segunda pregunta que debemos hacernos es por qué la pandemia ha tenido efectos tan letales en países con Sistemas Sanitarios consolidados, de gran cobertura y de calidad. Y por qué este virus ha causado tanta enfermedad y muerte. No podemos olvidar que este es un virus con mucha capacidad de contagio, que no se conocía cómo afectaba al organismo y cómo tratarlo. En pocos meses la investigación y la clínica han conseguido desentrañar muchas de las cosas que desconocíamos

Y la respuesta debemos buscarla en la orientación de los servicios sanitarios. Estos se han visto condicionados por la tendencia asistencialista centrada en el tratamiento y el consumo de fármacos y se han alejado de una orientación a la prevención, que pone el acento en la Atención Primaria y Comunitaria. Con ello nos alejamos de principios recogidos en la Ley General de Sanidad y las reiteradas estrategias y recomendaciones de la OMS, especialmente a partir de la Declaración de Alma Ata, revitalizada recientemente en Astaná. Una epidemia es un problema de salud comunitaria. La respuesta eficaz frente a ella hay que buscarla en la atención comunitaria y las políticas de salud pública, capaces de dar respuesta rápida a la difusión de patógenos transmisibles pero también a otros determinantes de la salud: sociales, ambientales, de hábitos de vida, etc. En este sentido conviene recordar que los recortes y la falta de impulso al SNS (Sistema Nacional de Salud) han afectado especialmente a la Atención Primaria y Comunitaria y la Salud Pública. Y precisamente eso representa una segunda ruptura, en este caso del equilibrio en la orientación del SNS, tensionado por la presión de la asistencia y el consumo farmacológico. En el origen de esta ruptura encontramos la especulación y negocio en el precio de los medicamentos y las oportunidades de negocio de la sanidad, auspiciadas por las ideologías del libre mercado. Todo esto se produce a pesar de que conozcamos que la inversión en prevención y promoción de la salud es mucho más eficaz en términos de salud y más eficiente en términos económicos.

La tercera pregunta que debemos hacernos tiene que ver con el cuerpo social y económico. En los primeros días de crisis sanitaria, algunos productos de fabricación sencilla pero que resultan imprescindibles para detener la transmisión no estuvieron disponibles en el momento de mayor necesidad. Hablamos de material de protección tan básico como mascarillas, geles o test diagnósticos. Estas carencias reflejan dinámicas económicas del modelo productivo, que han conducido a una inquietante desatención de industrias fundamentales, inspiradas por doctrinas que apuestan por renunciar a una verdadera política industrial y promueven la desregulación y las deslocalizaciones. Así nos enfrentamos a una tercera ruptura, provocada por la transformación de nuestro tejido económico hacia un modelo en que hemos creído poder permitirnos prescindir de un sector industrial sólido, innovador y con capacidad de respuesta ante necesidades del interés general.

En definitiva, más allá de la constatación de que un virus no tiene ideología, pero su irrupción, el control y tratamiento de sus efectos dependen en gran medida de las decisiones y las políticas públicas adoptadas según la ideología.

Si algunos déficits en el control de esta pandemia han sido evidentes, también lo son las causas que los provoca. Detrás de ellas encontramos corrientes ideológicas que van penetrando en muchos ámbitos de la gestión pública para justificar siempre el afán de mayor beneficio y de concentración de la riqueza. Frente a esta apuesta devastadora, los socialistas tenemos una respuesta alternativa: más respeto al medio ambiente y la sostenibilidad, un SNS orientado a la prevención, la cohesión social y territorial y un modelo productivo de base industrial capaz de suministrar los productos básicos de interés general.

En conclusión, LA RESPUESTA al control de la pandemia: más socialdemocracia.

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