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Por Jesús Vesperinas | domingo, 28 de junio de 2020

TELETRABAJO Y CORONAVIRUS:
Una oportunidad y algunos problemas

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Foto: Frédéric Dupont

TELETRABAJO Y CORONAVIRUS:

Una oportunidad y algunos problemas

La pandemiaha provocado, entre otras cosas, la aceleración del proceso del uso y aprovechamiento de las nuevas tecnologías y las posibilidades de las mismas en el mundo del trabajo. Ese proceso, imparable, que lo estaba transformando en ámbitos casi obvios, la crisis no solo ha aumentado la velocidad de utilización en ellos, sino que, por necesidad incluso, ha aumentado el espectro de posibilidades y campos de utilización del teletrabajo. Incluso en ámbitos que eran impensables a corto plazo. Esa ampliación, quizás hecha por necesidad y posiblemente de manera temporal, ha significado una puesta en práctica que, en algunas actividades, significará un camino de no retorno. De la experiencia, es innegable las ventajas y beneficios derivados. Para las empresas, para las personas que trabajan y para el conjunto de la sociedad.

Para las empresas supone un indudable ahorro de costes, en locales y equipamiento, en suministros, servicios, en optimización de horas trabajadas, mayor versatilidad de organización del trabajo, entre otros aspectos, algunos de los cuáles me referiré más adelante.

Para las personas que trabajan, ha supuesto en muchos casos la posibilidad de mantener su empleo que no hubiera sido posible de no acudir a este recurso. Pero también ha supuesto una reducción  de tiempos añadidos a su jornada, como los desplazamiento, además del ahorra que supone eliminarlos y, en muchos casos poder organizar mejor su jornada y adaptarlos a sus posibilidades (personales y/o familiares) o mejor distribución de sus horas de trabajo. Todo esto tiene algunos matices a los que me referiré también más adelante.

Y, por parte de la sociedad, se derivan algunos beneficios en lo que supone de ahorro de desplazamientos, de necesidades de transporte público, disminución de la contaminación, una mayor desconcentración de horarios en algunos casos. O incluso el beneficio colectivo para la sociedad que supondría una y mejor conciliación de la vida laboral y familiar.

Pero ese aparente maravilloso panorama, tiene sus problemas. Al menos marca unas líneas de actuación para solucionarlos. Porque una mala, desregulada o abusiva utilización del teletrabajo puede convertir sus beneficios y sus enormes posibilidades, en una modificación del mundo laboral en sentido negativo, creando una nueva dualidad en el mercado laboral, una nueva precarización y una individualización de las relaciones laborales. O una nueva implantación de figuras conocidas de “falsos autónomos”, fenómeno ya conocido. Por todo ello, Gobiernos, empresas, agentes sociales y la propia sociedad (y, por supuesto la implicación y enfoque colectivo y coordinado en la propia Unión Europea), deben articular no solo los mecanismos de corrección de los problemas que surgirán, sino que deben hacerlo de manera urgente y coordinada para evitar que las enormes posibilidades en positivo, sean enormes problemas.

Me gustaría apuntar algunos de los aspectos más evidentes que urgen actuación y solución:
1. CONDICIONES DE TRABAJO, DOTACIÓN DE MEDIOS Y COSTES. Lo primero por solucionar es lo más básico. El equipo de trabajo, el entorno para desempeñarlo y sus costes.  Al ahorro que supone el teletrabajo para las empresas, estas no le pueden añadir los costes de la dotación de medios adecuados y trasladarlos al trabajador/a. La imagen de una persona en teletrabajo, tumbada en la cama, en un sofá o en un jardín además de ser irreal, es peligrosa. El trabajo durante horas delante de una pantalla requiere equipos ergonómicos adecuados (silla, mesa, ordenador, luz suficiente, formación para prevenir riesgos. Entorno adecuado, silencio, pausas, descansos). No todas las personas tienen esa posibilidad, ni los equipos adecuados. Y los costes de todo eso no pueden trasladarse al trabajador. En el trabajo en la empresa, eso no está en cuestión. No lo deberá estar en el domicilio. Como tampoco los costes de conexión. Por ello, el teletrabajo requiere solventar eso elementos y los controles y seguimientos pertinentes.

2. NECESIDAD DE LEGISLACIÓN, NEGOCIACIÓN COLECTIVA Y REGULACIÓN.
El previsible aumento del teletrabajo no corresponde con la escasa regulación y legislación sobre el mismo.  Y el existente es muy asimétrico. Si bien en las grandes empresas hay algunos acuerdos sobre el desempeño que lo regulan (tuve la oportunidad de firmar uno de los pioneros en una gran empresa, Telefónica) no es la misma situación en otros ámbitos (pequeñas empresas, o trabajos externalizados). Los Sindicatos, los Gobiernos, la sociedad en su conjunto tienen un reto obligado. No solo en conseguir la oportuna regulación sino en el seguimiento de su cumplimiento, dado que ese grado de cumplimiento es posible en un centro de trabajo pero muy complicado en trabajos en domicilio, por motivos obvios. Por otro lado, el factor individual en ese cumplimiento es fundamental y necesita de la formación y sensibilización oportunas. El cumplimiento de normas de uso de equipos, entornos y mobiliario adecuados, pausas, horas de trabajo, etc… también necesita una gran parte de autodisciplina. Apunto dos elementos que necesitan especial atención. Por un lado, el trabajo a distancia, por definición, no tiene fronteras. En ese sentido, la regulación debe ser complementada con normativas y regulaciones supranacionales, hoy utópicas a nivel global pero exigibles en ámbitos como la Unión Europea, al menos. Por otro lado, el trabajo a distancia es muy sensible a la aparición de figuras laborales peligrosas. Por ejemplo en los llamados “falsos autónomos” en los que se les deScarga riesgos y costes y significaría un nuevo factor de precarización y desequilibrios en el mercado laboral, por la dualidad entre personas pertenecientes a empresas y otras más desprotegidas. Todos estos problemas no pueden dejarse a la negociación individual trabajador-empresa, seria una negociación asimétrica donde solo puede ganar la empresa.


3. PELIGROS DE AISLAMIENTO SOCIAL Y LABORAL
La entendible aspiración de trabajar sin desplazarse, sin jefe sin horario y con capacidad de planificarse uno mismo, tiene otro peligro. El riesgo de caer en el aislamiento social y la perdida de relación con otras personas. El trabajo no solo permite obtener los beneficios salariales derivados. También es un vehículo para relacionarse, tanto socialmente como con personas que realizan tu misma actividad y tus mismos problemas. También permite la relación humana, el contraste de pareceres, el conocimiento de los problemas y favorece la empatía. Obviamente eso disminuye o se anula. Una medida aconsejable en su regulación es establecer jornadas presenciales alternadas, obligadas y periódicas en la empresa.

En ese sentido, los Sindicatos tienen un reto que necesita de adaptación a los nuevos tiempos y requiere imaginación. La relación con sus representados será diferente. Llegar a ellos necesita de nuevas fórmulas. Para la información, para su organización y afiliación. Y para buscar nuevas fórmulas de presión, en caso necesario. Para los Sindicatos será más complejo. En el mundo de teletrabajo aumentara la individualidad y la dispersión, fenómeno a evitar en sus factores negativos.

4. PARA LA MUJER, UN PELIGRO AÑADIDO.
La incorporación de la mujer al mundo laboral y la eliminación de algunas trabas, significó un salto cualitativo en la sociedad y, en particular, en una como la nuestra, con retraso respecto a paises de nuestro entorno, derivado de la dictadura que se vivía. Las trabas no eran solo subliminales o fruto de una sociedad machista que discriminaba en la contratación, la llegada de la democracia tuvo que eliminar trabas objetivas. Aunque hoy parezca increíble, durante la dictadura la ley permitia la aplicación de la excedencia forzosa por matrimonio a las trabajadoras de las empresas. También en las grandes (Iberia, Tabacalera, Bancos, Telefónica…) Incluso hasta finales de los años 70 y primeros de los 80 y por sentencias judiciales, no se eliminó del todo el derecho al reingreso de esas trabajadoras discriminadas.

La lucha por eliminar las trabas y las discriminaciones para la mujer, tanto en el trabajo como en la sociedad, continúa, pero la incorporación al mundo del trabajo, significó un gran avance en el terreno laboral y un cambio en el modelo, laboral y, en algunos aspectos social.

Esa incorporación, tuvo una influencia en aspectos no solo laborales. La incorporación al trabajo de la mujer supuso. lógicamente, en muchos casos la salida del hogar. Aunque para una mujer con pareja, hijos o cargas familiares eso no suponga la liberación de sus tareas en una sociedad donde no hay un reparto equitativo de cargas familiares, esa incorporación significó algunas cosas más que la obtención de un salario. Trabajar implica salir, relacionarse, jugar un papel distinto en la sociedad, con influencia también en aportar o tener recursos económicos propios. No quiero idealizar esa incorporación (en muchos casos significaba hacer sus tareas anteriores y, además, trabajar), solo quiero indicar el cambio que suponía en la sociedad, con todos los matices que haya que indicar, tanto en su conjunto, como a nivel individual.
El teletrabajo, como desempeño de trabajo en el hogar, puede tener aspectos positivos para todas las personas (ahorro de tiempos de desplazamiento, una cierta capacidad en muchos casos de poder organizar su jornada, puede favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar, etc…) pero, en el caso de la mujer, esa “vuelta” al hogar puede ser un retroceso. El desempeño asimétrico para muchas mujeres de las tareas familiares o del hogar, perjudica a la mujer al estar en casa más horas que antes y un posible aumento de esa asimetría. A lo que habría que añadir el factor de aislamiento social que puede suponer el teletrabajo, que en el caso de muchas mujeres les puede afectar por partida doble.

Todo lo dicho tiene muchos matíces y las situaciones serán muy diversas. Solo pretendo poner el foco en posibles problemas, que habrá que vigilar, corregir y dedicar atención para que sea comprendido y asumido como propio por toda la sociedad, no solo por la mujer.

En resumen, el teletrabajo, que irá en aumento a futuro y con un gran impulso con la crisis del coronavirus, es una oportunidad en muchos sentidos. Pero también conlleva algunos riesgos (todos solucionables) pero que necesitan de la sensibilización y de la atención de Gobiernos, agentes sociales y del conjunto de la sociedad, para encontrar los elementos correctores y evitar esos peligros.

Jesús Vesperinas

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