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Por Álvaro Frutos | sábado, 16 de mayo de 2020

¿UNA COMISIÓN
PARA LA ESPERANZA?

Esa Comisión tiene ante si una actividad muy importante para España; no debe confundir actividad con movimiento. Se requieren propuestas y soluciones rápidas y el Parlamento tiene la potestad y la obligación de movilizar a toda la inteligencia del país para trabajar en ello. 

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  • Por Álvaro Frutos Rosado
    sábado. 16 de mayo de 2020,    

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Hoy la política está en la epidermis de todos nuestros problemas, y podemos pensar que sólo nuestra peculiar y descarnada política nos hace vulnerables, nos imposibilita encontrar una salida conjunta. No nos equivoquemos, somos el reflejo del absurdo. Unos a aplaudir a las ocho y otros a golpear pucheros a las nueve. La negación al otro, a lo que de él venga, nos recorre las venas, es superior a nosotros mismos.

Por ello el encierro, el confinamiento, ha sido una muestra de disciplina social que a nosotros mismos nos sorprende. Ahora correspondería sacar a la calle las virtudes, a sabiendas, incluso, puede conducirnos al triunfo. Es sin duda un buen momento para dejar de perseverar en los defectos, en los históricos y en los nuevos. Está bien hablar de éxitos, de los acuerdos del pasado… pero ahora importan los de este minuto. Cualquier proyecto común tienen una condición de partida, olvidar la rentabilidad electoral.

Las grandes empresas colectivas, las profundas reformas que necesitamos después de este parón (y que ha enseñado alguna de nuestras vergüenzas), compete a todos los españoles. Segunda condición: dominar nuestros egos y ese irrefrenable ¡qué hay de lo nuestro!, ponernos en modo España. Sin ínfulas patrioteras, sin banderitas, sólo se sale vertebrando país en lo político y en lo territorial.

Proyectos ilusionantes, medidas transformadoras, cambios estructurales, ofrecer nuevas pautas económicas, de consumo o de producción serán inútiles si en el trasvase de la política a la sociedad y a la inversa no se produce un giro en buscar la manera de compartir nuestra identidad y capacidad de trabajar conjuntamente.

Cumplir las reglas del juego y tramar alianzas. Así y sólo así, España en un tiempo razonable, puede restaurarse, recuperarse o reconstruirse como lo queramos denominar. Nuestra tierra tiene sustratos y abonos necesarios para ello. Esto no deja de ser el pensamiento de la mayoría la silenciosa

La Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, creada en el Congreso, no nos hace albergar muchas esperanzas y eso es muy triste. Por eso, hay que empezar a levantar la voz advirtiendo a los comisionados que nadie les podrá perdonar que nos conduzcan a la frustración.

La sociedad ha dado muestra de su capacidad. Cuatro exaltados en la calle o pintureros de fachada no significan nada. Las renuncias ciudadanas de este tiempo, individuales y colectivas; el encierro nos ha hecho recorrer el camino que va del beneficio personal al de todos. Por ello, los representantes políticos, llegados al borde del precipicio de la negación de todo, hay que esperar que reaccionen, se den cuenta de que no va de que nadie dimita, sino de compartir sacrificios, para convertirlos en éxitos. Hasta el más cretino lo puede ver.

La crisis sanitaria generara otras crisis con entidad propia. Diagnosticarlas y actuar en sus consecuencias, es la fase que corresponde. La pérdida de empleo va ser la más grave, ya empieza a serlo, detrás hay personas, familias que van a iniciar una lucha por la supervivencia. Los recursos, tanto españoles como europeos, son escasos, por ello hay que optimizar su destino. La Comisión debe consensuar hacia donde se va a caminar…, caminos hay muchos, pero todos no van al mismo destino. Las asignaciones directas a las familias son obligadas para evitar la precariedad así como distribuir con equidad hasta que la actividad económica vaya recuperando su pulso

El empleo tendrá solución al recuperar la actividad la economía, el objetivo público debe ser ese. En esto, el consenso vuelve a ser imprescindible.

Una primera tarea a realizar por dicha Comisión es proceder a plantear el escenario para racionalizar la utilización de los recursos públicos con destino a promocionar e incentivar la actividad económica. Es relevante, dado que los recursos son escasos, que el Parlamento seleccione cuidadosamente donde poner el énfasis y los instrumentos para que el gobierno asuma la tarea para gestionarlo, no va a ser fácil y para ello debe superarse la tendencia de burocratizar estos procesos e identificar con nitidez los elementos tractores de la actividad económica, los que son capaces de generar empleo en cantidad y calidad y sectores y agentes con experiencia contrastada, ¡no es momento de poner dinero donde hay dudas!

España es una potencia turística y lo seguirá siendo en el futuro, pero de otro turismo, otro modelo, destinos, estrategias competitivas, criterios de seguridad y métodos de comercialización. La Comisión puede sentar las bases de un Plan Integral de Reconversión Turística con la colaboración de los expertos de las múltiples actividades que en el turismo encuentra su razón de ser. Ello no nos llevara a recuperar los millones de turistas que recibíamos, si a ofrecer un modelo vacacional de alta calidad, tal vez más basado en la cultura y en nuestro patrimonio histórico invalorado. La planta hotelera debe aprovechar la vuelta a la actividad para reconstruir sus instalaciones , tecnologizarlas de acuerdo con los nuevos requerimientos de esta situación que no sabemos cuánto de transitoria va ser ni cuánto va a modificar nuestras pautas de comportamiento. No son medidas paliativas, se necesitan cambios estructurales. El Parlamento es el que tiene que abrir el debate y establecer parámetros para la colaboración pública privada. El Estado tiene en la Red de Paradores un elemento que, como en el pasado, puede servir de guía en el proceso de transformación para el nuevo turismo.

No todo es Turismo hay otros sectores de actividad que tienen que pasar por la sala de la Comisión planteando sus inquietudes y capacidades de reconversión. El automóvil, por ejemplo, en él España tiene la oportunidad de oro de acelerar su camino hacia el coche descarbonizado. Ello requiere compromisos claros y vencer el miedo al abismo. Madrid y Barcelona deben ser dos territorios para dar el salto, con políticas de subvención al uso del coche eléctrico. Generada la demanda, la oferta ira creciendo exponencialmente. El comercio sin duda va ser otro de los sectores de gran impacto y pensemos que durante una primera época habrá una cierta tendencia a la autarquía por ello hay que iniciar procesos de intercambios de bienes y servicios con aquellos países más proclives a generar alianzas. Ello también llevará a Europa a considerar que de este agujero se sale mejor agrupado, pero esa resistencia hay que saberla vencer avanzando.

En definitiva, esa Comisión tiene ante si una actividad muy importante para España; no debe confundir actividad con movimiento. Se requieren propuestas y soluciones rápidas y el Parlamento tiene la potestad y la obligación de movilizar a toda la inteligencia del país para trabajar en ello. Quedarse fuera es una opción, pero también se le van a ver mucho las vergüenzas.

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