Sobre la prórroga del Estado de Alarma

La política en la pandemia (2)

13/05/20 | Por Adolfo Piñedo Simal | https://adolfopinedosimal.wordpress.com/
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La política en la pandemia (2)

El pasado 25 de Marzo, el Congreso aprobó la primera de prórroga del Estado de Alarma por 321 votos a favor, ninguno en contra y 28 abstenciones. El 6 de Mayo, se aprobó la cuarta prórroga por 178 síes, 75 noes y 97 abstenciones. Para algunos, el Gobierno ha perdido cerca de la mitad de los apoyos que tuvo hace seis semanas y ha sido o por mala gestión de la pandemia o por falta de diálogo con el resto de los partidos. Ni una cosa ni otra.

El sistema político que tenemos se diferencia del tan denostado bipartidismo por tres rasgos principales: una mayor fragmentación o si se prefiere, una mayor pluralidad; una mayor inestabilidad, porque el mapa político cambia en cada elección. La inestabilidad es tanta que no solo el liderazgo sino la propia existencia de los partidos se pone en tela de juicio en cada elección. Finalmente, todos los líderes tienen poca experiencia de gobierno. Esto es obvio en los partidos nuevos, pero también en el PSOE y en el PP ya que toda la dirigencia anterior fue desplazada en bloque y sustituida por nuevos dirigentes. La primera y más imperiosa necesidad de los nuevos líderes es consolidarse, lo cual pasa inexorablemente por buenos resultados electorales. La política electoral es determinante para explicar la posición de partidos que se ven sometidos a una dura competencia, como es el caso del PP con Vox y de ERC con JxCAT. Afortunadamente, la competencia PSOE-UP parece, hoy por hoy, bastante atenuada aunque no hay que dar nada por seguro.

Sánchez, cuya investidura se ha sustentado en unos cuantos pactos bilaterales y que encabeza una coalición con su principal competidor electoral, se enfrente a una grave crisis sanitaria y a la peor recesión que se recuerda y debe hacerlo transitando por un campo minado, es decir, en un sistema político fragmentado, inestable y con líderes poco experimentados.

La gestión de la crisis se debe juzgar con dos criterios: uno, si se han alcanzado los objetivos previstos y dos, comparando con lo que han hecho los gobiernos de nuestro entorno más cercano.

En relación a lo primero se ha logrado o se está muy cerca de alcanzar el objetivo más inmediato: frenar la extensión de la infección. Aún queda camino por recorrer pero es evidente que la cifra de nuevos infectados ha caído drásticamente y que ya hay algunos territorios donde no se registran nuevos casos. Además, se han tomado medidas de protección social inéditas, que afectan a más de 3 millones trabajadores, a 1,5 millones de autónomos y a cientos de miles de empresas. Eso es lo principal. Luego se podrá discutir si se hacen muchos o pocos test o si hay o no mascarillas para todos. Cuando has alcanzado los objetivos sanitarios que todo el mundo fijó y, además, has evitado, por el momento, una enorme crisis social, la gestión no puede decirse que sea mala, ni mucho menos un caos.

Comparando, nos va peor que a Alemania, pero mejor que al Reino Unido y muchísimo mejor que a Estados Unidos. Y más o menos, lo mismo que a Italia o Francia. Para aclarar más las cosas, añadiré que en todos los países se han adoptado políticas similares tendentes a frenar el contagio. Lo que marca la diferencia no ha sido el rigor del confinamiento sino el momento en que se ha adoptado en relación a la aparición del brote y, por otra parte, la intensidad del mismo. Creo que nos hubiese ido mejor si se hubiese declarado el Estado de Alarma quince días antes. En todo caso, la gestión de la pandemia no es nada parecido al desastre y al caos de que habla la derecha.

En mi opinión, lo más relevante de la votación de la cuarta prórroga del Estado de Alarma es que ha tenido 178 votos a favor, que comparan bien frente a los 167 que tuvo la investidura. No es que la votación del Estado de Alarma equivalga a una moción de confianza. Pero sí que es un respaldo a la gestión del gobierno que ha tenido más votos que los que invistieron a Sánchez. Lo que el Congreso ha dicho al Gobierno es que siga gestionando la pandemia así, con algunos matices. Si alguien ha fracasado rotundamente en esa votación ha sido Casado, que, obviamente, pretendía debilitar al Gobierno y dejar en evidencia que dependía de sus votos. El giro de C´s, que ha cambiado 180º la posición de Rivera, es lo que ha dejado fuera de juego al PP, ya que ha hecho innecesarios sus votos.

Los votos que han pasado del sí al no o a la abstención se explican, en primer lugar, porque lo peor de la pandemia ya ha pasado y ahora se puede hacer política partidista sin ser tachado de irresponsable. La derecha trata de construir un relato de la pandemia según el cual los destrozos que deja tras de sí el COVID 19, desde las infecciones del personal sanitario hasta las muertes en las residencias de mayores y, sobre todo, el cierre de una buena parte de la actividad económica y del paro consiguiente, es culpa de una supuesta mala gestión del Gobierno. Piensan, creo que con bastante fundamento, que de una crisis económica ningún gobierno sale indemne ya que así ha sidoen cualquiera de las crisis que hemos visto.

Seguramente por obligación, el PSOE ha dialogado mucho. La prueba es que después de haber alcanzado pactos con varios partidos para la investidura, ahora acaba de alcanzar acuerdos con el PNV y con C´s para la prórroga del Estado de Alarma. Hay, además, un acuerdo con el PP para crear la comisión parlamentaria para la reconstrucción. Por último, hay un acuerdo social importante. Con todo, y para guardar las formas, estaría bien que Sánchez llamase a Casado con más frecuencia.

La pandemia ha volatilizado la mayoría de la investidura y de lo que se trata ahora es averiguar si hay una mayoría, la misma u otra distinta, para hacer frente a la crisis económica y social. Tanto Abascal como Puigdemont piensan que lo prioritario es acabar con este gobierno, es decir, apuestan por abrir una crisis política que, sumada a la crisis económica, pondrían al país al borde de una crisis institucional. En todo caso, han dejado muy claro que con ellos no se puede contar para enfrentar la crisis económica derivada de la pandemia. Como se ha dicho, su posición ejerce tracción sobre el PP y sobre ERC, respectivamente, lo cual hace poco probable, aunque no imposible, que el diálogo con ellos fructifique. En todo caso, es seguro que el PSOE lo intentará y hará bien.

En el terreno sanitario, lo esencial es que la desescalada se haga bien. Y eso significa que los rebrotes, que los habrá, puedan ser tratados localmente. En la medida en que pierde virulencia la pandemia, cobra más importancia el abordaje de una crisis económica que ya ha agotado los calificativos de las autoridades internacionales. El debate sobre cómo hacerlo apenas ha comenzado sobre todo porque aún no tenemos ni siquiera cubicado el tamaño del estropicio, razón por la cual nadie puede aportar un remedio. Quizás haya que conformarse en ir dando pasos según nos vamos enterando de la gravedad de la cosa.

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