Un país de vulgares aficionados

"Este tío se cree Dios y hay que echarle ya, si no terminaremos en la ruina" …" Son unos sinvergüenzas se llevan nuestro dinero, se desentienden de todo y ahora, como si no hubiera pasado nada", esto decía con voz profunda mi vecino a su compañero de asiento en la grada del Bernabéu. No hablaba con tanta fruición de ninguno de nuestros políticos, se referían a Ramos y a Bale.

25/11/2019 | Por Álvaro Frutos Rosado | https://lahoradigital.com/

Llegados al descanso, ahora sí, pasó a informar con detalle a su compañero que, sorprendentemente, no parecía muy enterado, sobre el caso de la semana. "Les han condenado a todos, al Chaves, al Griñán a todos los del PSOE" "es el escándalo mayor de corrupción de la historia de España" "ahora el Sánchez dice que no tiene nada que ver con él" "es peor que lo de la Gürtel, mucho peor son muchos más millones" "maneja las sentencias a su gusto" "tendrían que unirse todos para echar a la izquierda…".

En la segunda parte la opinión sobre el galés y sobre el gobierno se mezclaban, con dificultad para comprender bien cuándo hablaba de uno u otro, aunque el tono de desprecio era muy parejo.

Hay un viejo adagio latino que viene a decir que los relatos de oídas casi todos son mentira.

La sentencia preliminar de la Audiencia Provincial de Sevilla sobre los ERES ha dado opiniones para llenar de podredumbre una intensa semana hasta que algo nuevo suceda. Confieso no haber leído la sentencia y no pienso hacerlo. No porque contenga más de mil folios y prefiera dedicar mi tiempo de lectura a otras cuestiones, ni tampoco porque no la fuera entender. Mi formación jurídica es más que aceptable, y me coloca en mejor posición que la de los cronistas de lo cotidiano que pontifican sobre el pronunciamiento judicial. Sí confío que cuando el fallo sea firme se pueda reordenar jurídica y políticamente la cuestión, y que tanto fantoche vea rotos los hilos que sostienen sus argumentos.

Que un ciudadano opine con la misma rotundidad y aparente conocimiento de causa de una sentencia judicial que de un partido de fútbol es producto del chachareo patriótico al uso, pero que eso sea hecho por los dirigentes de un partido político como han hecho Casado, Egea o Javier Maroto o Directores de periódico como Marhuenda, por citar de los epígonos de la moralidad pública de la derecha al más beligerante y compulsivo, es seguir apostando por enranciar la vida política y construyendo más pisos en el edificio de la anti política que constituyen la base de una suerte de populismo institucional que está fundamentado el crecimiento de la extrema derecha.

¿Si el hecho lo hubiera cometido otro gobierno, de otro partido, hubiera sido distinto? No. Este es el problema. Hacer de todo un acto político. Un juego infernal en el que todo el mundo está dispuesto a entrar. La honradez no es solo no llevarse a casa lo que no es tuyo, es también no tergiversar conceptos e ideas con el ánimo de llevar a otros a creer lo que no es. La vida es demasiado efímera como para pasarse el día haciendo ruido, denostando al otro y sobre todo buscando el deterioro institucional que nos lleve a una iconoclastia militante sobre nuestra sociedad.

Esta cuestión puede adquirir una gravedad no medida. En el caso, más que probable, de que ante el recurso ante el Tribunal Supremo, los responsables políticos, no los administrativos, que parece evidente su culpabilidad en la asignación irregular de fondos públicos, sean exculpados, ¿quién repone el crédito a los que han sido vilipendiados ante la opinión pública?; ¿cómo se van a restañar las heridas producidas al sistema institucional? Si finalmente el máximo tribunal de justicia de España reconviene a los tres magistrados del tribunal provincial por su apreciación de los hechos y por la aplicación del derecho, ¿cómo volvemos para atrás?; ¿cómo se diluyen las imposturas que solo han valido para titular de un día? ¿Cómo volveremos a creer que las sentencias de los tribunales son justas e imparciales y que no son pronunciamientos cerrados hasta que el ultimo órgano jurisdiccional se ha pronunciado? ¿Cuál será la certeza de cualquier gobernante, responsable público, para saber cuál es la línea roja que separa lo delictivo de lo que no es?, ¿cuál es la línea de la responsabilidad política y cómo se ejerce?

Estamos, en poco tiempo, rompiendo las barreras que nos garantizan el entendimiento sobre todo lo que como comunidad nos une. Cada vez va a ser más difícil diferenciar si el que tenemos detrás es un líder político o un vulgar aficionado.

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