Chile, del paraíso al caos por algo más de 30 pesos

Subiendo a la Cordillera, hacia el Oriente, en la Comuna de Las Condes, se encuentra San Carlos de Apoquindo. Es el barrio residencial de la alta burguesía santiaguesa. En él tiene su casa el actual presidente Piñera. En el argot popular es el Barrio Alto, donde todo es de otra manera, probablemente el mayor número de renta per cápita por m2 de Latinoamérica.

30/10/2019 lahoradigital.com
(Foto: Los Andes (AFP))

Desde las terrazas de los lujosos departamentos de San Carlos se proyecta, tanto en el día como en la noche, una espectacular vista de la capital chilena, cubierta casi permanentemente por el esmog; no es por industrias es producido por los autos que bloquean las grandes avenidas. Tal vez sea el humo lo que no permite ver el inmenso contraste que Chile esconde.

Hace 31 años del plebiscito convocado por el Dictador Pinochet. Con su derrota se abrió paso a la recuperación tutelada de instituciones democráticas y libertades. El proceso democrático fue liderado por las fuerzas de centro izquierda, no obstante, como dijo el escritor Eduardo Galeano, las teorías de Milton Friedman le dieron el Premio Nobel y a Chile le dieron a Pinochet y el legado de una cultura socioeconómica, a derecha y a izquierda, que sitúa muy por delante el liberalismo económico de la cohesión social.

Chile, tras unos aparentes datos que le sitúan como el país más estable de Latinoamérica, esconde una realidad muy diferente, como certeramente aprecia el Profesor Solimano[1], se encuentran grandes brechas de modernización en innovación y tecnología, desindustrialización y desigualdad.

En la década prodigiosa, con las commodities en pleno ascenso, el país andino, fruto de una ortodoxia presupuestaria extrema, propició la acumulación de riqueza en una parte de la población que hizo que la economía financiera fuera el gran instrumento para el crecimiento. La acumulación de capital vino acompañado de un alto proceso de importación de bienes de consumo que se expandió, en la primera década del siglo, entre las clases altas y a todos aquellos que tuvieran capacidad de endeudamiento a través de las cadenas de centros de retail en manos de las grandes familias detentadoras del poder económico. ¡Un espejismo de bienestar! Mientras en la calle se generalizaba el trabajo desregularizado, desde la limpieza de coches a la venta callejera de alimentos o los embolsadores de los supermercados.

El último periodo de Bachelet significó un tiempo de frustración al haber incumplido la oferta de la realización de un transformador proyecto socialdemócrata que pretendía acercar Chile a la realidad europea, y alejar el país del modelo "gringo" de liberalismo asocial por el que Piñera había conducido el país en su primer mandato.

Las reformas sanitaria, educativa, universitaria, previsional y sobre todas las reformas del sistema fiscal, hubieran podido significar un más equitativo reparto de la riqueza, todo quedo en un ofrecimiento electoral y en una frustración colectiva. Además, si el primer mandato de Piñera terminó con la sombra de la corrupción, que incluso afectó a los candidatos presidenciales de la derecha, la izquierda lo inició con la misma lacra, llegando a tocar al entorno familiar de la Presidenta.

La caída del cobre ha significado que el grifo de la opulencia se cerrara. Los más castigados han sido las capas populares que pensaban que el modelo liberal reservaba también para ellos un lugar en el Paraíso; y las clases medias emergidas en la época de bonanza, que pusieron por delante el carro del consumo antes que los bueyes, de un desarrollo sostenible que pasara por una industrialización del país en los sectores en los que disponía de materias primas como el propio del cobre o el hortofrutícola. Pero como se podía oír en algún foro universitario "mientras podamos pagarlo, que fabriquen otros", muy hispana reflexión.

Hace unos años un empresario chileno me decía desde su lujosa mansión en San Carlos mientras contemplábamos el estallido de luz al anochecer en la ciudad: Chile dentro de poco se apagará pues no tendrá para pagar su factura energética y lo que es peor estallará socialmente, los políticos no lo están viendo venir. Ni la derecha, ni la izquierda. No se dan cuenta que para mantener la opulencia de los ricos hay que asegurar el bienestar de todos de manera justa y equilibrada. Un Estado fuerte que propicie la creación de riqueza y sea capaz de distribuirla con justicia entre toda la población. No podemos seguir viviendo de mitos es obligado aprender lecciones de historia. Me sorprendió que un empresario hiciera una apreciación tan social. Su respuesta fue contundente: Ya le digo, para que mi familia pueda vivir tranquila en esta casa, manejar nuestros autos y poder viajar por todo el mundo el resto de los chilenos tienen que vivir con dignidad.

Tanto Bachelet como Piñera se "fueron a la profunda" cuando tenían la herida a flor de piel. Chile requiere, como toda Sudamérica, reformas de calado en su modelo económico y social pero carece de un liderazgo político solvente que lo conduzca.

1] Economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y presidente del Centro Internacional de Globalización y Desarrollo

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