   jueves, 20 de junio de 2019

Por Adolfo Piñedo Simal | La derecha tripartita | https://adolfopinedosimal.wordpress.com | publicado. martes, 18 de junio de 2019

La derecha tripartita



En las primeras elecciones municipales, celebradas en 1979, UCD ganó con un 30% de los votos, pero el pacto PSOE-PCE otorgó a la izquierda la mayor parte de las alcaldías. Así pues, los primeros ayuntamientos democráticos fueron ayuntamientos de izquierda en su mayoría. La gestión municipal de la izquierda fue enormemente exitosa. En contraste con la incuria de los ayuntamientos del franquismo, los nuevos ayuntamientos desarrollaron infraestructuras, crearon servicios, hicieron planes urbanísticos y, en definitiva, dieron un buen empujón a la modernización del país. Prueba del éxito es que en las segundas elecciones municipales los alcaldes fueron abrumadoramente reelegidos. Los gobiernos municipales de la izquierda fueron el pórtico de la victoria del PSOE en las elecciones generales del 82. La lección que se extrae es que los pactos municipales fueron muy importantes para el devenir de la política nacional.

En la constitución de los ayuntamientos del pasado 15 de Junio se ha visto otro pacto, el de las tres derechas para arrebatar alcaldías a la izquierda. Conviene precisar que, propiamente hablando, hemos visto un pacto formal y centralizado entre PP y Vox y otro descentralizado entre PP y Ciudadanos. Ciudadanos se esfuerza en negar que ellos no han pactado con Vox. Pero lo cierto es que al hacerlo con el PP indirectamente lo hacen también con Vox, que va en el lote con el PP. El doble pacto es algo disfuncional y anuncia tensiones, como se ha visto en Andalucía y ahora en Madrid. Pero, disfuncional y en dos niveles, es un pacto de las tres derechas, el segundo que se produce tras las autonómicas de Andalucía y al que seguirán los pactos en CC AA. Los pactos prefiguran las alianzas de cara a las futuras elecciones.

Es evidente que el PP ha sido el principal beneficiario de los pactos. Habiendo perdido más de 5 puntos en la urna, el PP se alza con las alcaldías de algunas ciudades importantes que compensan el mal resultado. Por así decirlo, el PP ha sacado la victoria de entre los dientes de la derrota. Desde otro punto de vista, Rivera ha rescatado a Casado y le ayuda a ser el líder de la alternativa de Gobierno.

El otro ganador en el pacto de las tres derechas es Vox que evita su aislamiento y toca poder local. Vale la pena mencionar que estos días se han celebrado elecciones locales en una ciudad alemana. Ante el peligro de que ganara el candidato de AfD (la extrema derecha alemana) todos los partidos han concentrado sus votos en el segundo mejor colocado. Socialistas, liberales, verdes, izquierdistas y conservadores se han unido contra la extrema derecha. Justo al mismo tiempo, en Madrid, los conservadores de Casado y los liberales de Rivera se aliaban con la extrema derecha de Abascal para ir contra la izquierda. Importa destacar que Vox ha tenido un resultado muy malo, con menos del 3 % de los votos y poco más de 500 concejales. Pero el pacto le ha dado visibilidad y le ha convertido en una fuerza capaz de condicionar gobiernos y políticas. Es decir, Vox a pesar de unos resultados malos, obtiene, gracias a Ciudadanos y al PP, una buena rentabilidad política.

Ciudadanos consigue formar parte de importantes gobiernos locales, aunque en una posición subordinada al PP y condicionada por Vox. No es un gran botín que, en todo caso, lo habría obtenido con otras alianzas. Es menos de lo que habría obtenido aliándose con el PSOE, como se ha visto en Castilla La Mancha. La presencia de Ciudadanos en la triple derecha obedece a cálculos políticos que van más allá del reparto del poder local. Es evidente el malestar en el seno de Ciudadanos que han causado estos pactos. El malestar es también notorio en el grupo parlamentario europeo al que Ciudadanos pertenece. Allí no disimulan su incomodidad por la cohabitación de Ciudadanos con la extrema derecha española.

Cabe preguntarse el porqué del giro a la derecha de Rivera y si ésta política se justifica por el resultado electoral. Creo que Rivera calculó que el PP entraba en descomposición y que Ciudadanos tenía la oportunidad de sustituirle como el gran partido de la derecha. Ciertamente, el PP muestra signos de descomposición. De hecho, Vox es un producto de la descomposición del PP. Pero el PP resiste debido a su organización, como refleja el dato de que, en su peor momento, haya obtenido más de 20.000 concejales, lo que refleja una implantación muy seria.

Ciudadanos ha subido casi dos puntos respecto de 2015, muy poco cuando el PP pierde cinco puntos. Es decir, solo una parte del electorado que abandona el PP se pasa a Ciudadanos. En ese caladero de votos compite con Vox, que se ha revelado más atractivo que Ciudadanos. Si el giro a la derecha de Rivera era un llamamiento a los votantes y a los cuadros del PP, ha tenido un éxito muy limitado, ya que capta mucho menos de los votos que pierde el PP e incorpora a muy pocos cuadros del PP.

El panorama tras las elecciones municipales deja claro que Ciudadanos no ocupa, ni de lejos, el espacio del PP porque el PP casi le triplica en votos y le multiplica por 9 en concejales. Y lo que es peor: las elecciones revelan que Ciudadanos tiene una implantación territorial muy débil. Para remate, en Cataluña, donde Ciudadanos fue primera fuerza en las autonómicas de 2017 con un 25 %, ha cosechado un muy pobre 5 % en las elecciones locales de 2019. En conclusión, el giro a la derecha de Rivera ha dado un resultado más bien pobre. Además, le sitúa en una posición muy delicada.

En el marco de la derecha tripartita, Ciudadanos es un segundón, a gran distancia del PP. En lugar de ser el gran partido de la derecha, se puede convertir en un partido redundante que para lo único que sirve es para acarrear apoyos al PP y a sacar a Vox del aislamiento. No sé si serán conscientes de ello los líderes de Ciudadanos. Pero me temo que si hubiese una repetición de elecciones, lo que ofrecería Ciudadanos sería un tipo de gobierno como el del Ayuntamiento de Madrid o el de Andalucía, es decir un gobierno del PP con participación de la extrema derecha. Y para ese viaje, ¿no sería más útil votar directamente al PP y así evitar enredos?

A donde voy a parar es a que Ciudadanos debería repensar cuál es su táctica política en materia de alianzas. Sin embargo, no parece que vaya a ser el caso, como demuestra el disparate de echar a Valls porque traduce que Rivera prefiere un independentista como alcalde de Barcelona. Una insensatez mayúscula.

 

 

 

 

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Adolfo Piñedo Simal

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