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   domingo09 de junio de 2019

Ponzano | La calle Ponzano: 1 kilómetro, 72 bares | Uno de cada dos locales de esta vía del distrito de Chamberí es una taberna o un restaurante; su éxito y la concentración de público amarga a los vecinos

En el Pleno de 11 de marzo, por acuerdo de AM y PP se impidió el debate, y se dejó sobre la mesa, la proposición del Grupo Socialista para la creación de la ZPAE de Ponzano. Esta decisión permitió a la Concejala no dar  información sobre el proceso. Para tener una aproximación acerca de la puesta en marcha de la medida de protección acústica, preguntamos:

Pleno de 8 de abril de 2018 | lunes, 08 de abril de 2019

La calle Ponzano: 1 kilómetro, 72 bares

Uno de cada dos locales de esta vía del distrito de Chamberí es una taberna o un restaurante; su éxito y la concentración de público amarga a los vecinos

PABLO LEÓN
FERNANDO PEINADO
Madrid 9 JUN 2019 - 00:54 CEST

Esta es la historia de una calle de Madrid habitada por vecinos y que se convirtió en un "parque de atracciones para adultos". Concretamente, la de la calle más efervescente de Madrid (hot en inglés). Ese es el título que la publicación de viajes Lonely Planet le acaba de otorgar a la calle de Ponzano, en el distrito de Chamberí: "Una calle plagada de bares de tapas y cócteles con una popularidad sideral". Es cierto, uno de cada dos locales comerciales de la vía —de algo más de un kilómetro de longitud— es un bar. No es una broma: 72 en total, según un conteo local a local realizado por este periódico el pasado jueves. Si en 2008, las tabernas representaban un 34% de los comercios de la calle, ahora dominan el 49%. De lunes a domingo, abren sus puertas con tal éxito que en algunos locales hay colas para tomar una caña o un vino.

Pero esa afluencia, que alegra la vida de los taberneros, amarga la existencia de los vecinos debido a la pesadilla del ruido. También genera tensiones urbanas por los problemas de aparcamiento, a la expulsión de vecinos, la turistificación o la gentrificación. "La zona está prácticamente saturada", lamenta Julio de la Sen, presidente de la asociación de vecinos del barrio El Organillo.

* Excluídos locales municipales y de la Comunidad de Madrid

Fuente: Dirección General de Catastro y elaboración propia

"El auge de tanto bar propicia la expulsión del negocio de proximidad y va a acabar expulsando a los vecinos", continúa De la Sen. Los vecinos han vivido la evolución —"y degradación"— de la calle. "Ha sido poco a poco", describe De la Sen, "y hemos estado alerta, pero se ha descontrolado: la gente no se imagina los problemas que genera el ponzaning".

HOSTELERÍA Y RESTAURACIÓN EN LA CALLE DE PONZANO

Pero en Ponzano también han cerrado algunos de los locales que iniciaron el fenómeno. Tras 12 años en la zona, el icónico Sudestada cerró en 2017. La Sala de Despiece siguió sus pasos. Igual que la cuidada vinoteca Taberna Averías. "Tenían un tartar buenísimo y una gran selección de vinos", rememora la vecina Pilar Rodríguez.

El último en despedirse ha sido Lambuzo, otro de los dinamizadores de la calle y especializado en cocina gaditana. "Los comerciantes de toda la vida están traspasando sus negocios a grupos hosteleros que se lanzan a por las vacantes", dice Alejandro Yravedra, al frente del bar Charnela, que hace cuatro meses sustituyó a Lambuzo. Yravedra no tenía experiencia en hostelería —"es el primer negocio de este tipo que monto"—, pero se ha animado seducido por la "popularidad de la calle". "Cuando gente importante y con dinero viene apostando por esta calle, es por algo", agrega.

Los vecinos describen a esa "gente importante" como "fondos", "inversores venezolanos" y "los grupos". Estos últimos son Larrumba, Lalala o La Máquina; muchos de los nuevos negocios de restauración de la calle pertenecen a alguno de estos tres. Como pasa con los locales gastronómicos, que viven un frenesí —con aires de burbuja—, los locales proliferan alentados por la economía, el turismo y los fondos, como se puede leer en este reportaje de Negocios.

"Ponzano no solo se ha ido de madre", añade Rocío Borobia, vecina y propietaria de un local en la zona, "además, ya no se come bien en casi ninguno de los sitios". La familia de Borobia es de Chamberí de toda la vida. Sus abuelos se instalaron en Santa Engracia esquina con Ponzano en 1953. Vivían aquí y tenían un local. Fue estanco, quiosco, tinte... Luego su madre lo convirtió en una tienda de ropa, negocio que Borobia continuó durante 15 años. El año pasado decidió cerrar la tienda y alquilar el local. "De ninguna manera quería que montaran un bar", explica.

Se pasó meses buscando arrendador y testando el mercado inmobiliario. En ese tiempo comprobó que los precios fluctuaban en función de la actividad que se iba a desarrollar: la principal diferencia radicaba en si el local tenía opciones de convertirse en un bar (entonces los alquileres oscilaban entre los 6.000 y los 10.000 euros al mes en función del tamaño) o no (cuando el precio bajaba a la mitad). "Muchos locales ya ni si quiera instalan salida de humos porque no cocinan ahí", apunta Borobia en referencia a la quinta gama (alimentos precocinados, que no se elaboran en el establecimiento, y que se les da un golpe de calor antes de servirlos).

"Soy muy crítica con lo que pasa en el barrio, por eso no quiero fomentar que se degrade", explica Borobia que finalmente alquiló su local el pasado diciembre. "Antes, este barrio tenía muchos negocios: ferreterías, panaderías locales, ultramarinos pequeños… Es un barrio de gente mayor y algunos de ellos llevan muchos años al frente de sus negocios. Cuando te jubiles, los hijos o bien no querrán seguir con el negocio o bien no podrán porque no dan beneficios. Entonces, la gente lo alquila o lo vende sin preocuparse mucho con lo que pase en el local. A mí sí me importa mi barrio", continúa la vecina. Su local ahora es una papelería-librería. Entre las posibles soluciones al problema de Ponzano ve una clara: "Que no den más licencias de bar ni de restaurante".

Protección acústica

En base a la normativa municipal, una limitación de licencias solo se puede realizar si el área se declara Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE). Actualmente, hay tres —en Centro; la zona de Azca, en Tetuán; y otra en Chamberí, pero en Gaztambide. "Nuestra intención era crear la figura de protección", cuenta Jorge García Castaño, concejal del Ayuntamiento de Madrid que estuvo a cargo de Chamberí durante parte de la pasada legislatura.

La ZPAE ha estado sobre la mesa, se habló en el Pleno hace un año y el pasado septiembre se empezaron a realizar mediciones con sonómetros en inmuebles de la zona. Después, parece que la idea se difuminó. "Hay un problema de saturación en la calle", incide el concejal. Al ruido se suman los problemas de aparcamiento por los miles de visitantes a los bares. "Y se puede agravar con la aparición de locales de copas o discotecas que intensificarían los problemas de ruido", agrega García Castaño. Habla de algo que ya ha pasado: a los bares, ahora se han sumado un par de sitios nuevos con un ambiente más discotequero y nocturno.

Esa continua actualización de negocios —"no es normal que cada cuatro días cambien", apunta un vecino mayor bajando un poco la voz—, además de provocar la desaparición de los comercios de siempre, produce un cambio de perfil: "Los bares de toda la vida cerraban a medianoche; los de ahora, a las dos o tres; los nuevos quieren estar hasta las seis", lamentan desde la asociación vecinal El Organillo, que pide al Ayuntamiento que salga el 15 de junio "una mayor sensibilidad con su problema": "La calle en la que vivimos no puede ser una postal ni un parque temático".

 

La calle Ponzano: 1 kilómetro, 72 bares  

  

Por redacción




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