   viérnes 01 de febrero de 2019

El Socialista Nº 007 | Las casas del pueblo | Publicado. viérnes 01 de febrero de 2019

Las casas del pueblo

Eusebio Lucía Olmos, militante del PSOE, repasa en este artículo la Historia de las primeras Casas del Pueblo Socialistas.

01/02/2019

Por Eusebio Lucía Olmos, militante del PSOE.

 

Los primeros años de vida del socialismo español constituyeron, como señaló el historiador y militante Juan José Morato, una verdadera "travesía del desierto". Superados tanto el período de clandestinidad de la primavera de 1879, durante el que fue fundado el partido en Madrid, como el de libertad de asociación del verano de 1888, en que quedaron formalmente constituidos con ámbito estatal partido y sindicato en Barcelona, fue fundamental el empleo de una doble herramienta: la prensa obrera y las Casas del Pueblo. Constituían éstas unos locales en los que, además de albergar las sedes administrativas de las organizaciones, se llevaba a cabo una importante tarea cultural, formativa, recreativa y asistencial. En cuanto a la prensa, y aunque las primeras publicaciones fueran de cortas tiradas, cumplirían un doble cometido propagandístico y difusor del ideario pues, tras ser recibidas por los militantes, les eran leídas en grupo a obreros y campesinos que no sabían leer ni escribir, sirviendo así sus páginas de socorrido medio para que éstos cumplieran tan básico aprendizaje.

Siguiendo el modelo impuesto por otros partidos socialistas europeos, así como por el resto de los progresistas españoles, también el socialismo hispano dedicó una buena parte de sus primeros esfuerzos materiales en erigir modestos locales que dieron en denominarse "Casas del Pueblo". Bien fueran reducidos pisos en edificios de vecindad o casas construidas ex profeso, siempre aparecieron como modestas instituciones locales, escenarios de sociabilidad obrera y sucesoras de los antiguos Centros Obreros. No obstante, las Casas del Pueblo tendrían en la de Madrid su máxima expresión, tras su inauguración en noviembre de 1908.

El primero de estos Centros del que se tiene noticia fue el de Madrid, ubicado en un despacho que la sociedad tipográfica obrera Asociación del Arte de Imprimir abrió en 1874 en un piso de la calle del Salitre. En 1882, el número de sociedades que se les habían unido, así como el incremento del de socios, les obligó a trasladarse a la calle Amor de Dios; para en 1886 hacerlo a la de Jardines, 32, y a los pocos meses al número 20 de la misma calle, por ser ya 15 las sociedades y más de 2.500 los afiliados. En 1899 hubieron de trasladarse de nuevo, esta vez al número 14 de la calle de la Bolsa, siendo 19 las sociedades y más de 5.000 los cotizantes. Un año más tarde se trasladarían a la calle Relatores, 24, con 41 sociedades y 14.000 afiliados. En Cataluña se fueron abriendo también Centros Obreros en las distintas localidades industriales: Barcelona (1879), Vic (1887), Manlleu (1889) o Mataró (1886). En el País Vasco, Bilbao (1886), Ortuella (1887), La Arboleda (1888), Sestao (1888), Gallarta (1891) o Erandio (1896). Así como los de Valencia (1881) y Oviedo (1891), siguiendo una expansión paralela a la de la propia doctrina socialista por todo el territorio peninsular.

En cuanto a las Casas del Pueblo socialistas propiamente dichas, comenzaron a aparecer al tiempo que el siglo XX, siendo dos las que compiten como más antiguas: Montijo (Badajoz), fundada en 1900, y Alcira (Valencia), en 1901, a pesar de que la primera entidad que en España recibió la denominación de "Casa del Pueblo" fue la de Madrid. En septiembre de 1897, representantes de doce entidades obreras se reunieron con Pablo Iglesias y Antonio García Quejido, primer presidente de la Unión General de Trabajadores, para debatir sobre la conveniencia de la creación de una nueva asociación, la Aglomeración Cooperativa Madrileña Casa del Pueblo. En sus estatutos se incluían como objetivos "proporcionar a los socios auxilios benéficos, instrucción y cuanto contribuya a elevar su nivel intelectual y moral o a mejorar su condición material". Ofrecería productos alimenticios, combustibles y artículos de iluminación, cantina, comedor económico, vestuario y mobiliario. Al mismo tiempo incluía la asistencia de un dispensario médico quirúrgico y su correspondiente servicio a domicilio, junto con el propio despacho de farmacia. Sin olvidar el servicio de asesoramiento en cuestiones legales, así como biblioteca, escuelas para niños y adultos, programas de charlas, conferencias y editora de publicaciones. Se pretendía hacer de la institución una moderna central de asistencia al obrero.

Ya desde un año antes, y a instancia de la sociedad de albañiles El Trabajo, circulaba la idea de que el Centro de Sociedades Obreras madrileño estuviese ubicado en un local propio y mucho más amplio, decidiéndose la compra del palacio de los duques de Béjar, sito en el número 2 de la calle de Piamonte, por la suma de 315.000 pesetas. A esta cantidad hubo que añadir otras 70.000 pesetas para su reforma, 100.000 para la adquisición del mobiliario e infraestructura, y otras 125.000 para la construcción en su jardín trasero de un gran salón de actos. Sería sede de las 110 entidades domiciliadas y los 28.000 asociados con que se contaba.

A pesar del deseo de inaugurar el edificio como acto estelar conmemorativo del 1º de mayo de 1908, los problemas derivados del avance de las obras dificultaron tal coincidencia, debiendo de posponerse para los días 28, 29 y 30 de noviembre. Participaron de manera activa no solamente todos los líderes representantes de las sociedades adheridas a la nueva entidad, sino numerosos compañeros de las organizaciones socialistas de toda España y el extranjero, que fueron invitados expresamente. Tras los discursos formales del día anterior, el 29 se celebró una concurrida manifestación en la que se trasladaron solemnemente las banderas y estandartes de las organizaciones obreras desde el antiguo local de la calle Relatores hasta la nueva sede. Por la tarde los obreros pudieron visitar las nuevas dependencias de la que sería ya "su casa", para despedir al día siguiente el intenso programa de actos con un masivo mitin nocturno en el Frontón Central –puesto que aún carecía el edificio de un gran salón de actos–, siendo finalmente entonada La Internacional por parte del Orfeón Socialista y acompañada por el público asistente.

Aquel edificio fue un verdadero orgullo de los obreros españoles durante unos cuantos años. Pocos, pues ya de entrada se comprobó que su insuficiente capacidad obligaba a que los servicios de determinadas secretarías tuvieran que ser ofrecidos en locales alquilados de las proximidades de la calle de Piamonte. La carencia de un amplio salón de actos, del que no se dispuso hasta la primavera de 1915 y con capacidad para 4.000 personas, era un claro ejemplo. Pero lo que no se puede obviar es que una gran parte de la historia del socialismo español, que es tanto como decir de la del propio país, está directamente ligada con la de la Casa del Pueblo madrileña, pues en sus despachos y salones se tomaron trascendentales decisiones y se acordaron estrategias que condicionaron muchos episodios vitales para el acontecer nacional. A pesar de que pronto sufrió las consecuencias de las decisiones gubernamentales, que ordenaron su clausura en numerosas ocasiones, como ocurriría a los pocos meses de ser inaugurada cuando, en el verano de 1909, partido y sindicato acordaron secundar la huelga general del 2 de agosto contra la guerra de Marruecos. O en septiembre de 1911, por su reiterada oposición a dicho conflicto bélico. O en el verano de 1917, durante la huelga general revolucionaria. O, en fin, a partir de septiembre de 1934, como consecuencia de la declaración de huelga general por parte de los obreros madrileños.

Las Casas del Pueblo constituyeron un elemento básico del socialismo europeo, que se prolongaría en nuestro caso hasta la toma de los pueblos y ciudades españolas por parte del ejército sublevado contra la República, que acabó con ellas y sus medios de difusión. La de Madrid, por ejemplo, fue ocupada por fuerzas militares para instalar en sus despachos y oficinas los Juzgados de la Primera y Segunda Inspección, dependientes de la Capitanía General de la Primera Región militar franquista. Tras sucesivas demoliciones parciales, en 1953 se llevó a cabo el derribo definitivo del edificio de la calle Piamonte, número 2.

Las casas del pueblo


El Socialista


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