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Por José María Noguerol | Tardes de cine | www.laprovincia.es - viérnes, 01 de febrero de 2019

RITOS DE PASO

El primer recuerdo que tengo de una sala de cine se remonta a una que estaba en la actual plaza de Francesc Macià (entonces Calvo Sotelo) de Barcelona. Años después se convirtió en una hamburguesería para niños pijos, sucumbió como casi todos los cines de nuestras ciudades. Y ese primer recuerdo va asociado al embrujo que sentí desde el momento en el que entré en el cine, una mezcla de ambientador de olor indescriptible, el tapizado de las butacas, la pantalla y el instante mágico en el que se apagaban las luces. Después, claro, lo más importante, la película.

Aunque todavía hay cines a los que ir, casi siempre concentrados en equipamientos de múltiples salas, algo o mucho de ese embrujo se ha quedado por el camino, al menos para mí. Las luces se siguen apagando con la misma magia pero faltan cosas, como el acomodador, al que se le solía dejar propina. Todo esto no dejan de ser tonterías nostálgicas porque, en realidad, lo que más hemos perdido es el tiempo que empleábamos antes en ir al cine, en pasar tardes enteras de sesión doble, o en ver dos películas cambiando de sala. Ahora, sobre todo en las grandes ciudades, parece imposible hacerlo y mucho menos sin una planificación a medio plazo del día, la hora y el lugar.

En cualquier caso, mañana disfrutaremos, a los que nos gusta ver esas ceremonias por televisión, con la entrega de los premios al cine español, los Goya. A pesar de que a veces resulte una ceremonia tediosa y larga en la que los chistes suenan a alcanfor o huelen a ajo, da gusto ver a los y las profesionales del séptimo arte patrio engalanados e incluso con algunos nervios, sobre todo antes de que se conozca la película premiada, la mejor actriz, el mejor actor secundario, la mejor fotografía: hay que ver la cara que se les queda a los que han llegado a la final pero no reciben el premio. Siempre ocurre igual, un extraño rictus entre sonrisa y frustración, un gesto de felicitación forzada al premiado o a la premiada, pero una compresible y humana envidia. Otro año será, se dicen, porque llegar a la final no sirve de nada si no te llevas el "cabezón".

Este año tenemos la suerte de volver a tener de presentador a Andreu Buenafuente, y a la actriz Silvia Abril, que además es su mujer. Estoy seguro que no defraudarán las expectativas que han levantado con la promoción de la gala, disfrazados de John y Yoko. Será una bonita tarde / noche de cine, seguro.

Tardes de cine  
  
José María Noguerol


www.laprovincia.es | viérnes, 01 de febrero de 2019


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